Emilse ANZOÁTEGUI (Buenos Aires, ARGENTINA)

Emilse Anzoátegui (LiberArte, 1996)
Emilse Anzoátegui (LiberArte, 1996)

Aunque hoy fue de primavera
el espejismo
de gesto breve
y aplanado el viento,
el año se cae
sin el permiso
de las campanas
y junto baratijas
antes de que la tarde
caiga de espaldas
Un ojo sin lágrima
condena otro ojo
y queda en inhóspito
la llave de mi justa casa

                                                                 de Pormenores II

Podía andar lejana y buena
a tientas,
sin pasión y con delirio
podía andar riendo y amando
gastando ocasos
sensata y ciega
buscando la huella de tu huella
la sombra de tu sombra
esa flor despiadada
risa de tu sonrisa…
Puedo.
Sin dejar de ser una llaga

donde cuidadosamente
se deposita sal.

RETRATO

                                                             “Alguien me trae su noche…”
                                                                                      Isabel Gómez

Una cara tallada de ciudad
cuerpo de madera cierta
que vibra como un junco
de nervio al viento
una frente
muro de inscripciones
consigna secreto
fuego sabedor
manos rebeldes.
No importa el pie
Caminador de nostalgia
ni la sombra torpe
inclinada sobre el tiempo del ardor
no importa la rara belleza
los labios   los huesos
el negro traje cómplice
sólo la voz
que impera en la noche.

.

EMILSE ANZOÁTEGUI (María Emilse Pratolongo de Anzoátegui) nació y murió en Buenos Aires (1934-1999). El Grupo Literario La Luna Que Se Cortó Con La Botella (L. L. Q. S. C. C. L. B.) le publica un cuaderno de poesías titulado “El margen de la agenda” en 1980. Pero es en 1996 cuando publica su primer libro de poemas “Cuando precipita”, ilustrado por Vanina Guilledo . En 1998 publica “Por menores” y en 1999 “Por menores II”. Integró dos colecciones antológicas de plaquetas de poesía, editadas por La Luna Que, grupo literario del que formó parte desde 1980 y del que, durante un largo período fue subdirectora; fue, también, integrante de la Fundación Argentina para la Poesía (1997/1999). “Emilse Anzoátegui – Antología poética 1956-1999″, editado por La Luna Que e ilustrado por Vanina Guilledo en 2000, reúne una selección de poemas de dieciocho de sus libros de poesía.

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Omar CAO (Buenos Aires, ARGENTINA)

CANCIÓN

Nos movemos, sombras
relativamente cercanas,
confundiéndonos a veces
al rozarnos las zonas más claras
pero los núcleos densos
donde se agita
la parte esplendorosa de la negrura
esos siguen aislados
gimiendo, gimiendo,
gimiendo…
de “Antología poética Universal” (1978)

Dicen que la frialdad
es atributo de la muerte
y de su cercanía;
las hondas preocupaciones quedan
quebrándote la piel.
dicen que el calor y la vida
se confunden.
descubrí tres hebras blancas en mi espejo
favorito
dicen que si se canta se olvida
recogiste una flor
dicen y dicen
y en cambio tu silencio.
de “Palos de ciego” (1996)

DEL DOLOR

Donde duelen los bastos
en la nuca
me duelen las palabras como estrellas
cuando el sueño no llega.
Eso queda de mí; te lo regalo
alguna vez agregaré mi miedo
cierto
mi deseperación,
si celebramos un día
un acontecimiento te mandaré
—pudiera—
el corazón clavado en un cuchillo.

DEFINO LOS ABERTALES

                                                       a Ricardo Rubio

                Inventemos lo maravilloso,
                lo poético, la acción concertada,
               de lo utilitario hay demasiados
               ocupándose.

Abertales siniestros mis cigarrillos negros.
Abertales los ojos recamados de asombro,
recamados abertales los labios que no oso,
la distancia a recorrer que no permito,
el pozo profundo de los poemas
el negro luto de las uñas
la clara tos de la mañana
el deseo del deseo
las mañas mínimas
los gritos en la
noche la sed de
los centauros
la fe
la o
yo
peleador astuto, limpio de uñas y dientes
defino los abertales como sus talones desnudos
picando de viruela la cara de la tierra
interminablemente.

Omar Cao

OMAR CAO nació en Buenos Aires en 1948. Es poeta, narrador, dramaturgo y ensayista. Publicó en poesía “Uno de dos” (1974) junto a Hugo Enrique Salerno; “Emigrado de la luna y otros asuntos” (1976), Ediciones El Lagrimal Trifurca, en Rosario; “Antología poética universal”, poemas suyos que fingen una recopilación realizada en el año 8100, (1998); el cuaderno “Sólo los elefantes…”, largo poema editado por Pedro Luna e ilustrado por Graciela Favot (1986); “Palos de ciego y otras yerbas”, ediciones Del Doque (1996); “El Fantasma de Oriana”, Ed. Cruz de Mayo (2005); y “Cantos del Sur”, Ed. Conurbano/poesía, Col. La lira (2004).

Su obra ha sido recogida por varias antologías destacándose la “Antología de la poesía argentina” (1979), realizada por Raúl Gustavo Aguirre, “Esquina sin ochava” (2000) y “Poesía hacia el nuevo milenio” Tomo IV, selección y nota preliminar de Ricardo Rubio, editado por La Luna Que en 2001. Su obra se difunde en publicaciones nacionales e internacionales del género. Fue, junto a Hugo Enrique Salerno, co-fundador del grupo literario “La Luna Que Se Cortó Con La Botella”, antecedente de la actual “La Luna Que”.

ROMILIO RIBERO (Córdoba, ARGENTINA)

Libro de bodas, plantas y amuletos, de Romilio Ribero.

LAS ESTIRPES (*)

Éste es el lugar donde los soles rompen las hierbas en agosto
y del libro cubierto de secretas pinturas para mi corazón.

Aquí donde alejado el tiempo de sus tristes banderas
hunde sus ramos victoriosos en demoníacas bodas de niños y animales.
Aquí están mis estirpes, la sal del nacimiento, la primera paloma
con el huevo amoroso;
los dioses que bendicen a la tierra con finas mariposas,
el agua con sus flores inmortales,
el baile del destierro por aldeas de bestias desolladas,
las frutas encendidas en piras del perfume.

¡Aquí están mis estirpes con pájaros acuáticos,
caballos y barcas celebrantes!

Y la luna con fábulas altas en púlpitos de ciénagas
y las leyendas de los bosques míos.

Aquí las tejedoras viendo morir la suave fragancia del otoño
entre sus patios.
Y las altas cantoras con ardientes varones en sus cópulas.
Y las que trazan rutas a los primeros astros
y las otras, ya muertas, murmurando plegarias en ávidas arenas
y en colinas de rotos remolinos.
Aquí están mis estirpes en el comercio del hechizo, en los lechos del alba
con cuerpos ambiciosos del sol preso en sus manos.
Oyendo aquellas fiestas de violencias, alucinadas entre jazmineros
y con escapularios de demonios.

Estas son mis estirpes. El orden del reinado.
Las primeras abuelas y los primeros padres
con las primeras lunas y los primeros frutos.

Este es el orden de la descendencia de virtuosos varones,
de elogiadas mujeres entre sus comuniones y sus secretas gracias,
de hechiceras cautivas en la dulce viudez de piedras negras.
De los nobles amigos en el grave linaje de los Libros del Viento.

Romilio Ribero

(*) Fragmento de: “Libro de Bodas, Plantas y Amuletos”, de Romilio Ribero,
Ed. Losada, 1963.

ANA BECCIÚ (Buenos Aires, ARGENTINA – París, FRANCIA)

Ana Becciú
Ana Becciú

Ana Becciú (Buenos Aires, 1948) es poeta, traductora y ensayista. Entre sus autores traducidos se encuentran Silvia Plath, Djuna Barnes, Adrienne Rich, Maupasssant y Alberto Manguel. Ha publicado cuatro libros de poemas: Como quien acecha, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1973. Por ocuparse de ausencias, Último Reino, Buenos Aires, 1983. Ronda de noche, Taifa, Barcelona, 1987 y Plaza&Janés, 1999. La visita, Bruguera, Barcelona, 2007. En 1968 recibió el Premio de Poesía de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires por un primer libro que nunca publicó, y en 1972, el Premio del Fondo Nacional de las Artes (Argentina) por Como quien acecha. Se ha encargado de la edición de la obra de Alejandra Pizarnik para la editorial Lumen. Traduce libros desde 1974. Entre las obras que ha traducido desde entonces podemos nombrar, entre otras: Humor Amargo,de Ambrose Bierce; S.C.U.M, de Valery Solanas; El almanaque de las mujeres, de Djuna Barnes; la Guía de lugares imaginarios, de Alberto Manguel; Entre amigas, la correspondencia entre Hannah Arendt y Mary McCarthy; el libro póstumo de Allen Ginsberg, Muerte y Fama; La belleza del marido, de Anne Carson; Praga en tiempos de Kafka y Lecciones de tinieblas, de Patrizia Runfola; cuentos de Vernon Lee; Magnus, de la escritora francesa Sylvie Germain; las dos novelas de Tennessee Williams, La primavera romana de la señora Stone y Mois.


Consiento en dar
a esta blanca superficie
la frágil disposición
de la memoria
fraguando
largos
insomnios
cotidianos,
y consiento
en abrir los bordes
de la palabra
hasta intentar
una imagen
de su sombra.
Sin embargo,
sé que en vano
me invisto de silencio
porque finas transparencias
rasgan augurales
mi diario perfil
de tiempo.
.
.
Anoche, aquí, con dos
de tus palabras
herías, herías, dos
de tus palabras,
te amo, decías,
experto, mortal.
.
.
Ah, rostro mío,
cómo te amaba el tiempo
cuando eras
antes del gesto
  un niño breve,
ungido
en la rara melodía
de los ecos.
Y ahora,
después del gesto,
el esfuerzo
de ser
la voz
de un largo silencio
para alcanzar,
  vacío,
tu forma
de miedo.
.
—————
.
Ana Becciú

RICARDO RUBIO (Buenos Aires, ARGENTINA)

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio nació el 11 de mayo de 1951 en el barrio de Mataderos, ciudad de Buenos Aires. Concluyó en 1967 el  profesorado de idioma inglés, así como en 1972 sus estudios en filosofía oriental, en 1983 los de analista programador. Estudió también idioma italiano, electrónica, narrativa fílmica, dirección teatral. En innumerables medios gráficos nacionales y del exterior se han publicado textos de su autoría, algunos en italiano, alemán, francés, catalán, gallego, inglés, rumano, albanés, búlgaro y ruso. De sus poemarios,  mencionamos “Clave de mí” (1980), “Pueblos repentinos” (1986), “Historias de la flor” (1988), “Árbol con pájaros” (1996), “Simulación de la rosa” (1998), “El color con que atardece” (2002), “Entre líneas de agua” (2007), “Tercinas” (2011). En narrativa se editaron los volúmenes “Calumex”, novela, 1984, “Crónicas de un legado hermético”, novela, 2011, “Minicuentos grises” (2009), entre otros. En ensayo elegimos citar “Elvio Romero, la fuerza de la realidad” (Ediciones Servilibro, Asunción, Paraguay, 2003) y “Elvio Romero – De la tierra intensa” (2007); y en dramaturgia, “Los remolinos” (1997), “La trama del silencio” (1998), “El escriba nocturno” (2002). Integra, entre otras, las siguientes antologías: “17 Poetas entre la utopía y el compromiso” (compiladores: Antonio Aliberti y Amadeo Gravino, 1997); “Esquina sin ochava” (compilador: Omar Cao, 2000); “El verbo de los tiempos” (antología de poesía universal, en ruso; compilador: Andrei Rodossky, Universidad de San Petersburgo, Rusia, 2004); “Dársena sur” (Asunción, Paraguay, 2004); “MeloPoeFant Internacional” (bilingüe: castellano-alemán; compilador: José Pablo Quevedo; edición conjunta de sellos de Berlín, Alemania y  Lima, Perú); “Breve polifonía hispanoamericana” (compilador: Alfonso Larrahona Kasten, México, 2005); “Eufonía” (2009); “Los Molinos de viento”, antología de cuentos contemporáneos, LMdeV, 2014); “Las voces que somos”, antología de poetas integrantes del Grupo Literario La Luna Que y algunos invitados;  “Poesys 18 – Elogiu Frumusetii – In praise of beauty” (Elogio de la belleza). Editura Academiei Internationale Orient-Occident. Trad. Dumitru M. Ion. Curtea de Arges, Rumania, 2014;  “Lendina e Shikimeve”. Nje antologji e poezise ndërkombëtare me 13 poet nga 13 vende te ndryshme te botes nga Jeton Kelmendi, perkthyer nga Anglishtja dhe Frengjishtja. Albania, 2015; “Zerat e Ujit” (Voces de Agua). Festivali Ndërkombtar¨i Poezisë “Ditet e Naimit”. Edicioni XIX. Macedonia, 2015; 20 poetas a mar abierto / 20 poètes au grand large”, antología de poetas contemporáneos. Edición bilingüe castellano-francés. Traductora: Françoise Laly. 2015. En carácter de antologador tuvo a su cargo los tomos I, II y IV de “Poesía para el nuevo milenio” (1999, 2000, 2001), “Emilse Anzoátegui, Antología poética (1956-1999)” y otros volúmenes de poesía argentina contemporánea. A través de Editorial Sagital se publicó en 2004 y se reeditó en 2015: “La palabra revelatoria: el recorrido poético de Ricardo Rubio”, por Graciela Maturo. Once piezas teatrales suyas fueron estrenadas, una de ellas en Madrid, España, con la dirección de Juan Ruiz de Torres. Desde 1980 dirige el Grupo Literario “La Luna Que”, que integraba desde 1978, y también la editorial del mismo nombre. Entre otros cargos, ha sido secretario general de la Asociación Americana de Poesía, miembro del comité de organización de la Fundación Argentina para la Poesía, secretario de cultura primero, y luego presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (Oeste Bonaerense), realizó exposiciones de revistas culturales y literarias. Desde 1986 ha obtenido diversos premios y reconocimientos por su quehacer poético, teatral y narrativo. Innumerables son también sus participaciones públicas en presentaciones de libros, festivales de poesía, mesas de lectura y eventos culturales.

.——-

Eternamente ahora

Siempre este ya pegado a los ojos.
A cada instante un segundo baladí,
un ahora infinito que nutre y azora
el presente de las indecisiones:
instantáneo, efímero.
Inaferrable.

————

Alrededores

Las aves
en la tarde,

las azucenas
y el silencio,

el fondo rojizo
del infinito,

todos habitan
este pequeño corazón.

 

.

DE REGRESO

Me verán volver entre líneas de agua,
simplemente,
sin más deseos que partir
gota entre las gotas.
Será a plomo y en silencio,
un paso inmóvil
desde el umbral de la hondura.

Me libraré del apego
a las maderas de esta casa,
a los bolsillos llenos de imponderables.
Saldré de esta ropa, de este latido,
para ser disperso.

Me iré sencillo
a conversar con la niebla.

.

 

.

Nada sabemos salvo el desencuentro

Simulo distracción mientras agito otro tiempo
que inflama el corazón del amanecer.

Cierro los ojos e imagino los signos
de un lenguaje universal.
Busco razones
mientras palpito tristezas
derramadas en las grietas
de un espacio perplejo.

Cuando el alba abre caminos,
absorta, la lucidez se espanta.
¿Con qué veneno ahogamos la insistencia
y la ilusión, si de nadie es la luz de la distancia?
Ninguno es dueño del color con que atardece.
La conciencia navegó milenios para llegar aquí
y forzó un hombre aturdido
en medio de las piedras.

Hay alamedas heridas de sed,
pájaros con estertores de pánico,
pequeños peces luchando contra el invierno.
Pero hay manos de mujer
a lo largo de mi espalda
que mitigan la ferocidad de la vida.
Así siento las caricias y los desaires.
Ahora los años acosan para siempre,
y son apenas silencio
en el fondo de un gesto.

.

La razón es ciega cuando se agita un prisma

Cualquier palabra no es tu palabra;
no es tuya la voz del niño
con garganta de trueno,
ni el color del tulipán, ni la brisa del sur.
Ese escudo no te cubre del temor,
esa cota no impide el paso de las flechas.

A veces, la luz se dispersa
para dejar un hueco confuso
en el ojo de los hombres.

Cuando los bosques en tierras aún indecibles
no imaginaban su follaje,
cuando el sol era un punto
con todos los puntos encendidos,
cuando los astros eran fragmentos
de un único astro incomprensible y loco,
y la molécula vibraba en la insistencia,
el escriba ya era parte de un recuerdo
en la materia,
y aunque sus ojos no atinaban ni el espíritu
ni el hueso, ni el calor, ni la intemperie,
en su inercia la vida planeaba la risa de la pasión
y el cuarto oscuro de la ciencia.

Luego un hombre entrevió el roce, la fisura,
el músculo partido
por la simple disolución de la franqueza.

Y gimió.

.

Los ojos se cierran a la danza o se abren al dolor

El tala se ciñe entre arrugas y silencio;
entra y sale del aire con una fuerza antigua.
Se lleva la última gota de las acequias
hacia un torrente invisible
que no alcanza su piel muda.

Cuando el monte envuelve su sed y su tristeza
el cielo lo ve alzar los brazos al viento.

Navegaré la eternidad para entender este porqué,
este confuso caracol que se ahoga entre arena y sal,
esta ambición que cae en las manos de la intolerancia,
este falso remanso de la idea.
¿Cómo ver el otro lado del espejo
cuando el núcleo está en la carne?
¿Cómo ser uno cuando desmayo?

La vida se contrae, se recuesta en la senilidad,
se apostema y se aturde.
El delirio invade las formas, la razón vacila,
la desnudez intenta un color en las tinieblas
y busca una especie, una estirpe, una tribu,
un cimiento donde sembrar el aire.

Pero la luz se hace noche, niebla, sopor,
confusión de lirios a la sombra de un nogal.
Carreras infames dibujan un pasar delgado y pueril.

El ocaso es demasiado vértigo para la desnudez.

.

Nos mantenemos agua  en un estanque mensurado y atónito

Acaso consagramos las tardes al estupor.
Alejados del ya,
indagamos lugares sagrados de la memoria:
los pródigos sueños, las tantas quimeras,
las ambiciones que crecían temerosas
con lentitud de otoño.

Tristemente, el niño se obliga
a dejar la ingenuidad y juega a estar cansado.

Las horas se hacen interminables días en la luz.
Inteligibles las cosas se ufanan de existencia.

La decisión es al fin un nervio que obedece,
un latido que se expresa, que se abre.
El tiempo deviene en el verdadero sí de las manos
y descree de oscuros enemigos revelando un calor
que no sucumbe al frío de la tristeza.

Aún así la paciencia hace lentos los meses,
los siglos llevan en andas lo indecible de lo eterno,
la levedad y la caricia se someten a la ansiedad,
el olvido se hace nunca y la esperanza brisa.
El antes alberga una quietud
y el ahora una historia y un silencio.

No tenemos tiempo más que para nombrarnos.
Casi siempre el árbol es más débil que su flor.
Nacemos para ir perdiendo la luz de las estrellas.

 

ANDRÉS UTELLO (Buenos Aires/Córdoba, ARGENTINA)

Andrés Utello

Soy un hombre
en pie de guerra
un animal herido
que se yergue
a golpear el dolor
en sus dos rostros.
Soy un grito
en la pradera,
el sexo
de los espinillos
río que baja
por tu espalda.
Soy un hombre
en pie de guerra,
un relincho
una tormenta
nacido y muerto
en el relámpago,
en los extraños signos
de la palabra
grabada
en el enebro.

Un dragón me acecha
en la espesura
de todo lo que soy,
de lo que he sido.
Y sale mucho fuego
de la luna
y la noche es desierta
sin tu pelo.
Un dragón me observa
con su pena
y mi pena lo observa
estremecida.
Somos lo mismo.
Aunque usemos máscaras de hielo
somos lo mismo,
una palabra desnuda,
un tacto,
nuestros cuerpos temblando
por la tarde.
Somos simplemente
lo mismo,
vino que embriaga
el universo.

Que se moje la tierra
que se moje
la espalda del monte
y tu silencio
que corra un río
sobre esta soledad
que se refresque la tarde
Tanta menta!
Que se llegue
que se abrace
que un viento suave
nos conmueva
que llegue por aquí
la lluvia
que se moje tu boca
con el color de la verbena.

Vengo de todos los desiertos,
ajeno, enajenado.
Como dispuesto a la soledad
a tu mirada,
a los campos sin flores
y a la luna.
Vengo de todos los desiertos,
de la sal
de la cintura mansa
de la arena,
del silencio mineral
de tu tristeza.
Vengo de todos los desiertos
con la intacta frescura
de encontrarte.
Digo azul y el cielo
es un relincho claro.
Digo agua
y otra vez vuelvo a nombrarte.

.

——————

Andres Utello

Andrés Utello es poeta nacido en Buenos Aires en 1961. Actualmente vive en San Marcos Sierras, provincia de Córdoba. Su interés por la literatura se despertó a temprana edad, según él manifiesta, con especial inclinación por la poesía. El inicio del camino por la poesía comienza en 1982 cuando era  integrante del grupo literario “La Luna Que…” Es profesor de Letras con una amplia trayectoria en la formación y conducción de talleres literarios. Fue discípulo del poeta dominicano Manuel del Cabral, quien dijo de él: “Lo que he visto en Andrés Utello como poeta va más allá de la creación artística, va hacia la completa serenidad de una mente que ha vivido muchos siglos a través de sus poemas”. Fue el creador y organizador de las cinco ediciones del  “Congreso Internacional de Poetas y Escritores en San Marcos Sierras” entre los años 1997 y 2005,   decretado de interés municipal, provincial y nacional. Su intensa labor literaria lo ha llevado a distintos países de América y a España, Francia e Italia. Dirigió y dirige varias publicaciones, destacándose las revistas “Huairaspunco”, “La Puerta del Viento”, “El Espejo”, “El próximo tren” y “Piedra viva”. Ha publicado en poesía: Entrecuerpos, 1984; Lunario, 1986; La danza del sol, 1990;     Relámpagos, 1996; Hojas elementales, 1998; Agua fuerte, 2001; Enebro, 2005; Mandala, 2009; y “Los hilos de Ariadna” (compartido con Ricardo Rubio y Carlos Kuraiem, 2011).

LUIS BENÍTEZ (Buenos Aires, ARGENTINA)

Luis Benítez

EN EL MUSEO DE ADENTRO

recuerdas amor mío el largo adiós
subdividido las innumerables salas como siglos
como millones de años cada vitrina absorta
y en el centro de donde emanaba la extensa arquitectura
el dinosaurio

enorme la fiera extinta
la cabeza más grande que el cuerpo
el bocado feroz todavía tendido hacia la carne
asimismo evaporada

los cónicos dientes las fauces en el solo hueso
como la crueldad de dos que se aman
y se hieren profundamente en una frase
un gesto debajo de la apariencia de inmovilidad
debajo de los huesos debajo del alma
el gran animal insomne que reina todavía
pasea por nosotros el reptil tan hondo

y tú y yo callamos
ante el conflicto escamoso
que arrastra su cola amarga
por ese jurásico escondido
tan suyo fue como nuestro es
aquel pantano
es este

malignamente te amo
malignamente te espera esta carne desnuda
que el tiempo no evapora
porque sabe que vence a la fauce
indefensa

EN LO INSTANTÁNEO / LA GOTERA

pacientemente
porque en su inteligencia vio
que no podía alcanzar ese reino vecino
toda la tarde la mente estuvo arrodillada
esperando el matrimonio con el instante siguiente
y la palabra conmovida
cayó al alma desde una altura infinita

lo igual en lo igual se hundió
fueron lo mismo

EN LA CAJA DEL MARKET

Hace seis meses que agoto
la provisión de whisky de su góndola.
La china es la mujer de un tipo
amarillo que serio supervisa
la descarga de los camiones
en el fondo del supermercado.
Hace tres meses la china
cedió a su imaginación,
creyó que se rendía a mi asedio.
Dejó caer un bretel de su corpiño,
como al pasar, como para que lo viera,
mientras yo iba como un rayo hacia la caja.
Y lo único que quería era estar a solas con el trago
y con la música selectamente podrida que me espera.
Ella no sabe que yo amo a una mujer blanca,
soberbia, de pechos magníficos,
no sabe que el whisky es por la hembra blanca
y por la idiota obcecación de su cabeza.

.

——————

Luis Benítez

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Ha sido finalista del Premio Clarín de Novela 2008 y del Premio La Nación de Novela 2006. Ha sido miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, (EE.UU.) con sede en la Columbia University, de la World Poetry Society (EE.UU.); de World Poets (Grecia) y del Advisory Board de Poetry Press (La India). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poètes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia y es Miembro de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la República Argentina.

Luis Benítez ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra literaria, entre ellos el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); la Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997); el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); el Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003) y el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008).
Sus 24 libros de poesía, ensayo, narrativa y teatro han sido publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, México, Venezuela y Uruguay y obras suyas fueron traducidas al inglés, francés, alemán, italiano, flamenco, griego y macedonio.

ANTONIO ALIBERTI (Sicilia, ITALIA – Buenos Aires, ARGENTINA)

Antonio Aliberti (1938-2000)

EL VIENTO EN BARCELLONA

Miraba el viento
– el viento también tenía sus colores:
era gris, a veces blanco
y se volvía de plata
en la frente de los campesinos.
(La tierra es baja, baja, Señor
y su espalda parece un hierro torcido).
Pero el viento en Barcellona
me susurraba miel entre las venas;
me decía: “Levántate, Antonito,
y canta canta canta una vez más”.
Y a esta altura – desde lejos –
el dulce canto se dispersa:
ya mi voz no emana hilos de oro.

RAÍCES

No hay mayor dolor
que esparcir
las propias cenizas por el mundo
si acaso es mundo
el imperceptible susurro de la hierba
que crece con el impulso dulce de la infancia.
Abandonar
un cierto modo de vivir y de morir
llevando los rasgos personales
por sitios en que los rasgos
no tienen espejos donde reflejarse
y marchan en silencio
extraviados como corderos que no hallan a sus madres
y se alimentan sólo de desgarros
en medio de la hierba amarga de la soledad.
No hay mayor dolor
que crecer sin darse cuenta
la primigenia raíz sola y sin consuelo.

.

.

TANTÁLICA
.
Nos enamoramos de la noche
porque acumula los sueños de días muy largos.
Todo lo acumulado se ve a través de un velo,
picoteado por las aves magníficas de la memoria;
pero no hay forma de mirar por las hendijas
que la escarcha va dejando en los ojos de los muertos,
porque los muertos, cuando menos se espera,
salen a caminar por las ramas de los árboles
y, desde lejos, parecen manzanas ahorcadas,
juegos de palabras, signos de interrogación
de preguntas que nadie ha elaborado todavía.
Hay sin embargo un dios en cada uno
y es ese dios que gobierna nuestros actos
cada vez que el cúmulo de días y los sueños
se funden en noche muy oscura,
donde las aves magníficas empollan
sobre un viejo fuego solapado;
y la memoria avanza, nos supera,
se ubica cada vez más adelante,
como un futuro que nunca alcanzaremos
(siempre en fuga),
un poco más allá de nuestras intenciones.
.
.
POR GRACIA CONCEBIDA
.
Por una gracia divina he podido
concebir alguno que otro verso;
quería que mi poesía y el universo
tuviesen un mismo espacio hendido
.
que descifrara el por qué de mi
querella, por qué siendo dos en uno
ni uno me sentía. A veces, sí,  pudo
más la razón  que a la razón le di.
.
En otras, “la tragedia de existir”
se abrió con algún modo de ironía,
cierto sarcasmo, una cadencia donde
.
con gracia yo me permitía partir
de una vida trunca  a otra; y surgía
acaso el poema, que otra vida esconde.
.
.
EL SALUDO
.
Mi abuelo se detenía para saludar;
se llevaba la mano a la cabeza
(había usado gorra alguna vez)
y saludaba con una imperceptible
reverencia.
A veces la gente salía de su casa
sólo para cruzarse con mi abuelo:
es que no era un saludo,
sino un agasajo;
como cuando uno despierta de mañana
y ve la punta del sol en la cortina.
.
Cuando el día está nublado parece más largo.
No recibir su saludo era lo mismo.
.
Pero de pronto se le dio por mirarse al espejo
y no pudo reconocerse.
Entonces se sentó a buscarse adentro,
como quien se sumerge en una laguna de sueños.
Y los sueños tienen sus riesgos:
se parecen al agua turbia de un estanque,
al humo espiralado que llena la memoria.
.
A veces quisiera ir a visitarlo,
hacerle señas,
llamarlo por el nombre;
pero no sabría responderme
porque está en su propio sueño,
que es posterior a mí,
.
y yo lo vería como si todavía no hubiera nacido,
como si todavía no tuviera nombre
y todo estuviera aún por suceder.
.
Vivimos en un mundo de ilusión.
Ninguna cosa ha sido, nunca.
O acaso sea simplemente una metáfora,
como la gorra que alguna vez usó.

FRANCISCO SQUEO ACUÑA (La Rioja, Argentina)

Francisco Squeo Acuña – Sacronte Cisandino

CUENTO DEL MISHI

Tuve un gato
era negro
perteneció a mi padre
comía o saboreaba el pan con vino
al volver de sus andanzas
muchas veces lo vi feliz
como un manto de zorzales
Fue muerto a balazos
un día de carnaval
para festejo
de la gente de la calle trece
Según mi padre
su mínino pagó el pujllay
que se les seque el perejil, maldijo
a los apetecibles bandidos
Mi padre ya no tuvo otro gato
el pan con vino
se los daba a los gorriones
con ellos se fue un otoño
lo vi galopar por querer alcanzarlos
No sabía que por envidia en el barrio
a su gato lo llamaban fechor.

EL HUÉSPED DE FUEGO

Porque soy un ágil tarco que tira lilas en noviembre
voy gastando los vapores del cansancio
y la ilusión de los productos inefables.
He raspado la picardía con ojos estallantes
para perforar el miedo de la infancia
que gime con gritos de silencio.
Suspiro con el recuerdo de mis padres
y con su voz ligada en el viento
hago un desenvolvimiento de sorpresas.
Con ello, violento la aureola de los necesitados.
Voy poseyendo la velocidad del animal suicida,
una inteligencia colmada por ancestros
y la misma aventura para el vuelo.
Ante mi mujer me inclino en su pira
y en sus llamas me agilizo emocionado;
estoy pidiendo tener concurso de reino
en el valle de la imaginación
y el carnet para viajar por las heridas de mi pueblo.