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1- ROBERTO DI PASQUALE por ANTONIO REQUENI
2- GIANNI SICCARDI por RUBÉN BALSEIRO
3- ANTONIO ALIBERTI por LUIS RAÚL CALVO
4- ALBERTO LUIS PONZO por RICARDO RUBIO

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ROBERTO DI PASQUALE por ANTONIO REQUENI

Integrante de la generación del 40, Roberto Di Pasquale participó de algunos rasgos comunes a ese movimiento poético y publicó poemas en sus revistas más representativas hasta que su labor como experto en la UNESCO lo obligó a alejarse del país durante varias décadas. Pero no dejó nunca de escribir versos. Así lo demuestra esta antología cuyas composiciones están fechadas entre 1949 y 1998.

Desde el comienzo de su carrera literaria todas las poesías de Di Pasquale llevan el mismo título, Las Alusiones , como si el autor quisiera dar a entender que la tarea del poeta consiste menos en nombrar que en aludir, pues su lenguaje indirecto, de imágenes y metáforas, remite al lector a una realidad situada más allá de la que nombran las palabras. Con clara y sobria expresión, despojado de fáciles o complicadas retóricas, el poeta cava en lo hondo en busca de un conocimiento esencial. Su “lirismo metafísico”, como lo caracterizó el poeta Eric Brogniet, tiende a profundizar los eternos interrogantes de la vida y la muerte, a descifrar el misterio oculto tras las múltiples máscaras de las apariencias. Representa un viaje hacia la interioridad del ser en el que la belleza no es un adorno agregado sino algo sustantivo.

Traducido a varios idiomas y asiduo concurrente a festivales internacionales de poesía, es probable que Roberto Di Pasquale sea más conocido en el exterior que en su país, del que estuvo tantos años ausente. Este volumen, prologado por Philippe Delaveau e ilustrado por Antonio Seguí, puede contribuir a que se lo conozca mejor entre nosotros. .



GIANNI SICCARDI por RUBÉN BALSEIRO:

UNA  POÉTICA  DEL  SILENCIO
-Homenaje a Gianni Siccardi-

El ser afirma Sartre “Es lo que es” no puede definirse, es paradójico que lo que plantea el más importante representante del existencialismo ateo francés, esté tan ligado a lo que dice el Antiguo Testamento, allí Dios se presenta ante Moisés diciendo simplemente “Soy el que soy” en suma,  el ser, sólo puede ser expresado desde su propia pronunciación.
Acaso con la poesía ocurra algo similar, se puede sentir su presencia, pero es prácticamente imposible definirla.
Sin embargo, desde siempre, los poetas han intentado definir la poesía, podríamos pensar en el famoso “Poesía eres tú” de Gustavo A. Bécquer, o en  “La poesía es uno de los pocos lugares donde la palabra no fracasa” de Roberto Juarroz,  para darnos cuenta que nunca se ha llegado a un acuerdo sobre qué es la poesía.
Pero podríamos preguntarnos, siguiendo el pensamiento de Juarroz ¿Por qué la poesía es el lugar donde la palabra no fracasa? Y acaso la respuesta radique en que la poesía, si bien “Es lo que es” al igual que el ser Sartriano  o el ser divino, no tiene pretensiones de absoluto y como vemos, la palabra fracasa frente a lo absoluto. La poesía, en cambio, no busca una verdad última. Es lo inacabado por excelencia, aquello   que sólo encontrará su forma cuando cada lector la reelabore y construya dentro de sí su propio poema.
En base a lo expuesto, he decidido en estas breves líneas rendirle homenaje a uno de nuestros excelentes poetas, con el que tuve la oportunidad de compartir muchísimas noches de poesía y amistad, simplemente porque creo que es un vivo ejemplo de lo expresado hasta aquí, de lo inacabado y a la vez infinito del lenguaje poético. Me refiero a Gianni Siccardi.
Si hay rasgos que pueden caracterizar la poesía de este autor es la sencillez, la transparencia, el lirismo, pero a su vez la carga conceptual de sus poemas. Por eso escribe:

…si no tuviéramos las palabras
palabras de amistad de hastío de indiferencia
palabras complicadas con el amor
palabras que recuerdan al amor
aunque no le pertenezcan…

O cuando dice:

Ella es tan hermosa
que la vida la estrecha
entre sus brazos
Es tan hermosa
que la tierra llora
de gratitud.

Martín Buber, uno de los grandes pensadores del siglo xx y acaso uno de los pilares de la antropología filosófica, escribió una vez:

“Toda vida verdadera es encuentro”

Y Buber se refería al encuentro entre YO y TÚ y decía:

“Las palabras primordiales son expresadas desde el ser. Cuando se dice TÚ se dice al mismo tiempo el YO del par verbal YO-TU”

Este encuentro que tanto ansiaba Buber en un mundo desencontrado, lo expresa claramente Siccardi en muchos de sus poemas:

De tus ojos partía un hilo
que terminaba en mis ojos

O cuando dice:

Ella está en mí
yo en ella
y una red secreta nos rodea.
Una red que no es red
un aire, apenas,
una nada.

Para decir más adelante, expresando la unión pero a la vez la libertad:

No somos uno
pero yo estoy en ella
ella está en mí
y no hay ninguna red
entre nosotros.
Ni aire, apenas,
ni una nada.

La poesía de Gianni Siccardi no está ajena al dolor y a la bronca que frente al dolor muchas veces sentimos. Como cuando escribe en un extenso y profundo poema titulado “Funeral de un poeta”

…………………….por qué
la voz ajena del sacerdote
no maldice ni canta
ni grita ni impreca
ni tiembla ni solloza
sino que repite la helada
insulsa
muerta oración de su oficio

Santiago Kovadlof en su libro titulado “El silencio primordial” se refiere al “Silencio de la epifanía”, como aquel silencio en el que culmina el poema. Y estamos hablando de un silencio lleno de contenido, profundo en significaciones, donde la ausencia de la palabra no es ausencia de palabras sino precisamente lo contrario, es la plenitud de los significados
Esto tal vez podamos nuevamente asociarlo a la definición que citáramos de Juarroz “La poesía es uno de los pocos lugares donde la palabra no fracasa”, pero si bien no fracasa, como dijimos, porque no hay una búsqueda de absoluto, todo poeta sabe que no alcanzará nunca a expresar sus sentimientos, siempre será inacabada. Y nadie como Siccardi ha plasmado esta finitud.
Convencido de la precariedad de sus palabras para expresar su sentimiento escribe un poema donde sencillamente las suprime:

Ella sin

A raíz de sus ojos
es que las cosas
En realidad
ella sólo se ausenta e sus
Cuando llega atiborrada
de vacilantes
Cuando anda por el día
como por una
Cuando atraviesa la noche
con sus enormes
No hay silencio
que no la
No hay olvido
que no se
Y sin embargo
nada es más cercano
que su
Nada más resplandeciente
que su
Hasta su nombre esta hecho
para la
Aunque a veces
no sé si todo esto
no es más que una
que el viento puede
Y yo que tanto
y yo que tanto

Como podemos apreciar nada puede ser más inacabado y sin embargo tan asombrosamente lleno de contenido. Es silencio, pero silencio revelador, silencio que dice, que deja que cada lector reelabore el texto. Es un gran ejemplo de como el lector y nadie más que el lector, es quien culmina el recorrido del poema.

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ANTONIO ALIBERTI por LUIS RAÚL CALVO:

ANTONIO ALIBERTI
-La poesía como pasión-

Nació en Barcellona Pozzo di Gotto, Provincia de Messina (Sicilia, Italia) el 15 de Diciembre de 1938. Se radicó en Argentina el 1° de noviembre de 1951. En 1984 tomó la ciudadanía argentina.
En los comienzos vivió en el Barrio Devoto y luego se trasladó a San Antonio de Padua, para afincarse en Merlo a partir de los años 60.
Poeta, narrador, traductor y crítico literario, su primer libro, “Poemas”, lo publicó en 1972. A partir de allí se transformó en un incansable difusor de la poesía y de la cultura en general, colaborando en diversas publicaciones del país y del exterior.
Su obra figura en numerosas antologías de poesía y cuento siendo traducida a varios idiomas.
Como traductor realizó una tarea infatigable y generosa dando a conocer en nuestro país a más de cien poetas italianos, realizando un trabajo similar en Italia con poetas argentinos e hispanoamericanos.
Dirigió la Revista “Zum-Zum”, una publicación bilingüe de alcance internacional.
Fue colaborador permanente de la Revista “Generación Abierta” (*) -la cual se encuentra bajo mi dirección-, prácticamente desde sus comienzos, enriqueciéndola con artículos de gran valía.
Recibió diversos premios literarios en Argentina, Italia y España; entre ellos, en nuestro país el Premio Municipal de Poesía.
En 1991, Ediciones Correo Latino publicó el libro “Apuntes de 20 años”. Antología poética, de Antonio Aliberti, el cual reunió una selección -realizada por el autor- de poemas de sus libros “Tráfico” (1974), “Cuestión de piel” (1978), “Ceremonia Íntima” (1975), “Estar en el mundo” (1979/80), “Mareas del tiempo” (1981), “Lejanas hogueras” (1981), “Límites posibles” (1983), “Cuartos contiguos” ( 1986), “Todos recordaron a Casandra” (1987), “Delicado equilibrio” (1991), e inéditos (1990-91).
Con posterioridad publicó otros libros, entre los cuales se destaca el poemario “Incierta vocación”, editado por la Editorial Plus Ultra en 1995 y con el cual obtuvo el Primer Premio Internacional Pigmalion Lettres (1994) en París (Francia). “A cierta altura” (póstumo, 2004) reúne cinco de sus inéditos.
Alguna vez Antonio Aliberti dijo: “Definir una postura estética referida a la poesía es siempre difícil, puesto que el poeta está continuamente buscando un modo de expresión que no se resuelve nunca. En todo caso esa también puede ser una postura estética: ir descubriéndose mientras se está elaborando la obra. Mi poesía habla de mí y de mi entorno, mi preocupación es el destino del hombre. No puedo ser feliz mientras veo que mis congéneres siguen siendo explotados en sus justas aspiraciones como hace miles de años. La cultura del trabajo ha sido devastada, la globalización se funde con la pérdida de los sueños. Y en ese sentido, esa es la tarea del poeta: cuidar los sueños, defender las utopías, gritar (es un modo de decir) que todo es posible todavía”.
Tal vez uno de los poemas que mejor refleje esta postura frente a la vida y el arte sea uno de los últimos que escribió, en los albores de la informática y de la globalización:

Internet

No renuncio a entrar a la red
y ser un punto virtual
entre millones de puntos virtuales
de todo el universo. Acepto el juego.
A lo que me opongo es a renunciar
a la caricia, a la palmada en el hombro
y, sobre todo, a prescindir
del antiguo saludo del sol,
los dedos de la lluvia
meciendo mi escasa cabellera.
Adhiero a la ilusión,
pero aspiro a la necesidad
de que el hombre se conmueva por el hombre.

Para aquel -como en este caso- que tuvo la suerte de ser su amigo y de trabajar juntos en proyectos culturales, este poema no es ni más ni menos que una fiel radiografía de lo que fue Aliberti: un ser de una plena lucidez intelectual, con la plasticidad necesaria para adecuarse a los cambios, que siempre tuvo presente la problemática de la condición humana y sus vicisitudes y nunca renegó de ellas, para aprovecharse de las modas de turno, como sí lo hicieron otros, traicionando lastimosamente sus propios ideales. Aliberti fue fiel a sí mismo hasta el final y eso engrandece aún más al gran poeta y artista que -a pesar de su ida- sigue estando presente, a través de la lectura de sus textos.
Parte de un lenguaje coloquial, intimista, que indaga profundamente en las zonas más oscuras y recónditas de nuestro espíritu. Él nos lo dice así:

… Para entender que pasa en nuestro adentro
hay que mirarse a los ojos fíjamente.

Esa mirada introspectiva, que recorre los hechos y vivencias cotidianas –algunas hasta triviales- que las personas viven en su diario existir, él la transforma en una crónica poética de real magnitud, con cierta ironía y sarcasmo que equilibran ese decir melancólico y evocativo que por momentos caracterizan su poesía. Como en este caso:

…Pero me veo como un perro
que no va a ninguna parte,
un perro que ha sido domesticado por
los hombres,
-casi un hombre-
(no hay nada peor que un perro
que se parezca a un hombre,
me hago cargo de la humillación).

Esta preocupación por el hombre y sus circunstancias se termina de materializar en uno de los libros más elogiados por la crítica: “Todos recordaron a Casandra”, publicado en 1987.
Aquí saca a relucir con gran fuerza expresiva una poética ligada en gran parte de su obra a la marginación y a la explotación del hombre por el hombre mismo. Aquí más que nunca es Aliberti y la humanidad entera, es Aliberti y el fracaso de una civilización hundida cada vez más en un pozo ciego, pero es también Aliberti y su enorme llama creadora, simbolizada en la figura mitológica de Casandra como portadora de ese sin sentido universal.
Como en el poema “Los desamparados”, en el cual el autor nos dice:

Hay que reclutar a los desamparados
cada día uno más para engrosar las filas del olvido:
(desamparados del mundo
sin exclusión de credos ni de razas
dueños de un solo ojo que mana un mismo
sentimiento);
reunirlos
hablarles
convencerlos para que acerquen su desdicha
susurrarles la urgencia, la paciencia de levantar
la montaña más grande que nunca se viera
de levantar la idea, el derecho a la vida:
(muchos desamparados abultan más
que un poderoso);
hay que reclutar a los desamparados
ponerles un sello, una misma mueca en la cara
que nadie pueda confundirlos así como así.

En 2000 viajó con su señora a Italia para recibir el Premio “Eugenio Montale”, el cual le fue otorgado en un clima de profunda emoción -entre otras cosas, porque era la primera vez que volvía a su país de origen, luego de establecerse en Argentina a muy temprana edad-, pero a las pocas horas sufrió una descompostura por lo cual luego de una breve internación allí, fue trasladado con urgencia a nuestro país, falleciendo el 29 de Julio de dicho año.
Pocas horas antes de morir, nos dijo a Julio Bepré, Amadeo Gravino y a quien escribe estas líneas, -amigos y compañeros de la coordinación del Café Literario “Montserrat”, el cual a partir de su partida, por nuestra iniciativa lleva su nombre- en el sanatorio donde estaba internado: ”Se dan cuenta muchachos, hasta cuando gano, pierdo”. Hondas y sabias reflexiones, dichas desde el dolor por la cercanía con la muerte, acerca del destino muchas veces trágico del ser humano.

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(*) En el sitio web de la Revista “Generación Abierta”,  pueden leerse algunos de los artículos escritos por Antonio Aliberti:
http://www.generacionabierta.com.ar


ALBERTO LUIS PONZO por RICARDO RUBIO:

ALBERTO  LUIS  PONZO
Abrir las palabras para que el hombre respire (1)

La observación de una poética en particular tiene innumerables aspectos que deben ser considerados, pero tengo para mí que la época, la corriente y la novedad son las primeras vistas a tener en cuenta. Cada década suele exhibir cambios sociales, que por intensidad y novedad pueden caracterizarla, exaltarla o hacerla brillar más o menos que otra. En lo cultural, y específicamente en lo literario, la década del sesenta, en Argentina, sufrió la inestabilidad institucional, coronada por el golpe militar de 1966 que dejó como saldo nueve mil desaparecidos y, hacia el final, la invasión de las fuerzas policiales en los claustros universitarios, dando como resultado una nueva devastación del ambiente cultural y académico, un ambiente que amenazaba con liberaciones estéticas, sociológicas y con mordiente crítica a través de la palabra escrita.

Esa mirada que el poder condena.(2)

Alberto Luis Ponzo publica su primer libro, Equivalencia en la tierra(3), precisamente en los inicios de esta década y adhiere a los manifiestos de la poesía social de entonces, razón por la cual se lo incluye entre los poetas sesentistas, a pesar de haber nacido en 1916 (tiene 94 años a la fecha de estas palabras) y que sus primeras obras tengan el substrato de las formas de los años cincuenta. A ese primer libro le seguirán muchos otros que hasta hoy suman cuatro decenas.
Equivalencia en la tierra es un poemario insoslayable, una obra franca sin los habituales temblores de algunos primeros libros, de cara al derredor y con un ligero acercamiento a lo conversacional, como venían alimentando algunas estéticas. No es casual que la cavilación sobre el ser y el proceder -característica sobresaliente de su hacer literario-, tenga la madurez y la hondura que sólo la experiencia, la constancia y la vocación consumada pueden dar. Es decir, nuestro poeta edita sus primeros libros sin presumir la impetuosidad juvenil sino un acabado que delata la pluma segura, aunque se permita juegos y malabarismos verbales que enraízan en su eterna juventud.

Equivales / al dorado contorno / que concentra los días de semilla, el creciente desvelo / del germen entre vientos y cielos fraternales, y de faena anónima y sombría. (4)

Alberto Luis Ponzo es el poeta de la palabra calmada(5). Acaso, para nuestra vocación comparativa, Juarroz -a quien preocupaba más el mensaje que la forma- fuera el poeta cuya lectura frecuentaba Ponzo por entonces, ora compartiendo parecidos intereses semánticos, ora por creer que la poesía era la extensión de la vida -el otro mundo y a la vez el más real-, por ser igualmente sinceros; pero sus perfiles tienen una carga emocional distante.
La realidad es una lámpara imprevista
dentro de un recinto secreto. (6)
El humanismo de Ponzo deja su acento más profundo cuando mueve las fibras desde la batería emotiva. Sus luchas de inteligencia se amplían
a todo ser humano y a su porqué como plural de primera persona, aun cuando use la primera. Y sus inquietudes metafísicas subyacen como afluentes ocasionales a lo largo de toda su obra:

Cómo saber entonces dónde estaban / plegados los sonidos,
la fría sustancia del ser, / la luz secreta del silencio abierto en el espacio. (7)

Del mismo modo, el tema social aparece en un plano más nítido, aunque le son constantes la claridad expresiva y la ajustada síntesis con las que logra elevar la materia poética, despojándola de fuegos artificiales.

Sobre la noche / ojos doblados / por los asesinos. (8)

Es así que su incipiente madurez se une a la juventud cincuentista que proponía esta estética breve y concisa, a modo sáfico, en oposición a las verborragias de otros cenáculos, como así también a los parnasianos aún supervivientes.
La reflexión abierta a la búsqueda del otro, del no-yo que autentica al sí mismo, tiene el fuero más importante en su producción literaria, compuesta no sólo de materia poética sino también por incontables notas periodísticas y varios libros de ensayos poéticos y sobre poetas; esta búsqueda, que en un primer momento atiende a la voluntad gregaria, a los deseos de compartir y de generar un fogón de amigos del arte, se hace nítida en sus versos, cristalina, juicios que cruzaron libremente por su percepción y que llegaron al papel sin necesidad del plumín de oro, pues su mirada fue clara al momento de la gestación, juiciosa, serena, imbuida de un optimismo temperamental que el lector no puede dejar de advertir y del que se contagia si su sensibilidad lo permite. Son los ojos de una bonhomía peculiar e infrecuente que destacan lo mejor de lo que observan, o lo delatan.
Detrás de un poema la sangre se arrebuja manteniendo el hálito de un poeta, esfuerzo no poco conciliador con el despropósito de algunos embelecos que circulan en nuestro medio. Dentro de un poeta hay un traductor de sensaciones, de dudas, de visiones, de dolores, la experiencia que hace el acopio valorativo de venturas y desventuras, de aciertos y yerros analíticos, pero para que esos valores broten vivos en sonidos o palabras se le exige al poeta lo que rebosa en Alberto Luis Ponzo, la bondad, la comprensión, la entereza, la mano atenta, la generosidad y la calidad expresiva, la entrega a todo lo que se opone a la miseria, a la fatuidad, al envanecimiento; se le exige al poeta una correspondencia entre el ser que es y el ser de lo que hace.

…nuestros ojos intervienen / en la realidad más oscura… (9)

En este aspecto, la coherencia de Ponzo es absoluta. Hay un mensaje en sus notas periodísticas, verdaderas columnas de opinión y crítica (como cuando la opinión y la crítica tenían algo de concreto), diáfano, sustancioso, de la más loable intención para el bien común; y en esto se diferencia del resto, le sobra espacio en el corazón que otros llenan de pompa y fatuidad.

La palabra / en la lengua / de la poesía
nunca sola / en la lengua / del hombre  (10)

De todas las vanidades, la intelectual es quizá la más baldía ya que, de por sí, un rapsoda de este tiempo es menos que improductivo a la vista de la mayoría y no sirve al efecto pretendido por la vanidad, salvo sobre sus iguales. Nuestro poeta no ha caído en esas redes ni se ha dejado embelesar por la admiración -y muchas veces ponderación interesada- de numerosos cenáculos. Ha respetado aquello de primigenioque debe tener la poesía, el sentimiento auténtico del poeta ante cualquier circunstancia.

…De nadie es el espacio,
la música, el olor, las hojas de los libros
los metales más ciegos y las conversaciones.  (11)

A lo largo de más de cincuenta años de poesía, ha ido despojando sus versos hasta la médula semántica, respondiendo así a una voluntaria preferencia estética, sin sacrificar su voz ni oscurecer su palabra. En una de sus últimas publicaciones, El Alba y otros poemas (2010), nos esntrega esta gema:

Florece la lejanía
sobre siglos de arena

entra por las ventanas
con árboles y pájaros

la casa
completa el universo

Espacios que se agrandan y la infinitud del tiempo en los primeros versos; a continuación, el desarrollo, el movimiento y la libertad, imágenes de la vida; y cierra con el derredor inmediato con el que estructura el todo. Es ésta una sintética revelación de identidad que se enlaza con muchos de sus versos, como aquellos que expresan:

“…esta vida

pasa por lo que veo
muere por lo que olvido”(12)

en los que agrega, además, las situaciones de cambio por pérdidas.
No son éstas más que unas pocas anotaciones, retazos de un trabajo mayor, sobre el poeta Alberto Luis Ponzo, hito y ejemplo de la poesía argentina; una voz mayor cuyas profundidad y calidad marcan un largo derrotero que cruza generaciones sin perder frescura ni caer en la vulnerabilidad que propone el paso del tiempo.
Ponzo abre las palabras para que el hombre respire.

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NOTAS:

(1) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Literatura”, p60
(2) Ídem. “Buenos Aires”, p62
(3) Alberto Luis Ponzo: Equivalencia en la tierra, Ed. La Brújula, 1960.
(4) Ídem. Frag. de “La presencia”, p13
(5) Ariel Canzani D: Primera solapa de A puertas abiertas de ALP, Dead Weight (1969).
(6) Alberto Luis Ponzo: El poema, una visión, Ed. Flor y Canto, 1984. p21
(7)  Alberto Luis Ponzo: Antes de las palabras, 1964, “2” p3
(8) Alberto Luis Ponzo: Poemas marginales, Ed. Zendal (Perú), 1972. “Trelew”, p15
(9) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Todo cuenta”, p56
(10) Alberto Luis Ponzo: Los dioses extinguidos, Dead Weight, 1974. “Palabra-Lengua” p19
(11) Alberto Luis Ponzo: Los viajes anteriores. Dead Weight, 1972. “Versailles”, p35
(12) Alberto Luis Ponzo: Antología breve. Araucaria Ed., (2008). p11


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