La poesía de Bengt O Björklund

Bengt O Björklund (Suecia, 1949)

Bengt ö Bjorklund

Nació en Estocolmo. Es poeta, periodista, fotógrafo, músico, escritor y artista. En 1968 aterrizó en la cárcel de Estambul junto con un grupo de artistas, poetas y músicos internacionales. Se abocó a la pintura sobre tela y ha realizado numerosas exposiciones en variadas salas. La ciudad de Estocolmo adquirió uno de sus grandes lienzos. Escribe poesía en inglés y conformó bandas de rock en Inglaterra y Brasil, donde condujo programas de radio, pues también habla portugués. Ha publicado: La ventana rota (1975); Los buscadores de la gracia (1978); La ciudad (2003); Me perdí Woodstock (2009); Reflexiones (2010).

                                                                                    trad. del inglés: Ricardo Rubio

Bengt ö Bjorklund & Ricardo Rubio

De “DIEZ POEMAS”

tan suave este viento
esta soledad
en la que te extraño

”serendipia” susurraste
”sé el agua
de donde viniste”

el alegre árbol está en plena floración
el jardín cede
al alto cielo vernal

soy la distancia desde aquí
a una playa en alguna parte
entre el Trópico del Cáncer
y el Trópico de Capricornio
una palmera en una región polar
flores de cerezo alrededor del ecuador

había una melodía en la radio
había cierta urgencia
el modo en que el día sangraba los rayos
en mañanas posibles
era una danza clara de la criatura
sobre teclas blancas y negras

narices de hombres viejos en rápida primavera
perros corriendo salvajemente
hay tanta dulzura
en la capacidad de decir esto
y recuerda
que hice un buen día de primavera

impregnado en cuentos de nunca más
empapado y pagado
por ricos tontos y la oportunidad
hago mi última apuesta
al número once

hay grietas en el desliz
cargas de confirmación
en los brazos de hombres araña
muriendo por tomar tu temperatura
con ellos al infierno

una pálida luna comida por las vacas
estrellas prohibidas por el estado de Kansas
la mala hierba es para los hombres de menor ambición
el té para aquellos con habilidades sociales
un cielo azul es sólo un cielo azul

hoy no se sentencian
las ondas del rol de ayer
con las respuestas que soy

manos pálidas rebotando
resurrección de piel tensa
en un golpe de regreso

bosquejo de sombrea que sangra
no hay consuelo
con la vejez

el mal camino en las calles
batió como una pluma en la tormenta
al morir el día
se encuentran a sí mismos en otra historia

los hombres pequeños ondulan y saltan
de una oración a otra
no hay decisión
sobre el paradero del yo

ardiendo como un intento del Columbus
completamente fuera del mapa
intérpretes del universo del Hubble
los colores que vemos

mano firme soportando el día
disparando como una estrella
a través de la historia
y espacios de silencio
entremedio

te sostengo un rato
y amo
el modo en que hueles
el modo en que tu piel se encuentra
con mi anhelo

me vaporiza, no por el mar
me usa como un broche
pegado a su piel
rodando como una marea
a la orilla final

 

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Hero – Carmina, el nuevo poemario de Ricardo Rubio comentado por Cesc Fortuny i Fabré

Hero – Carmina

 HERO – CARMINA

En el principio era el Verbo

 

El epígrafe de Thomas Carlyle, que abre las puertas de esta obra, representa un hilo, una columna vertebral donde se sustentará el periplo del héroe. El título no engaña, Hero Carmina, poema para y por el héroe. Poesía ya no heroica, sino escrita desde la heroicidad, desde las tripas mismas del acto vital, de la mirada al pozo y de la autoconciencia El salto de fe al abismo de saberse, de autoconocerse. Las canciones del héroe, la consciencia, la vida.

Según el evangelio de Juan, “En el principio era el verbo …” así en nuestro Hero Carmina, Ricardo Rubio nos dice en el poema  Tierra de Lid “… Luego llegan las mañanas del alfabeto: las líneas cruzan el papel y el lápiz cristaliza la memoria …”  Al igual que un discurso, nuestra mente se construye, se forma, y como decía W.S. Burroughs, el virus del lenguaje se encarga de estructurar nuestra mente, de dar nombre a sensaciones y a conceptos que nos serían del todo ajenos.

Sin ninguna piedad, el poeta nos advierte que “ … Tiznado, entre la inercia y los sueños, el héroe empieza a vivir jugando al desenlace. …” ya que de ese inconsciente que colapsa, nace la voluntad, el empuje o la libido si lo prefieren los más freudianos, que nos arrastra río abajo. Siempre el mismo lecho, siempre distintas aguas.

Una vez hecho el salto, una vez conseguido el desequilibrio que mantenía la balanza, el consciente se va formando al dar nombre a las cosas, y al hacerlo, se va formando a sí mismo. Como un mantra eterno que no quiere despertar, pero que al ser recitado en voz alta, despierta a su emisor. Muy descorazonador resulta la insistencia de Rubio en recordar el azar, el caos inherente a la creación, el doloroso sinsentido de la existencia: “Nos es dado este fragmento para intuir la luz,/ para verla nacer y morir en manos de la ruina,/ para ser y no ser entre raudales de azar,/ para fatigar su índole,/ su esencia de secreto,/ su afonía.” Descorazonador, sí, pero terriblemente bello.

Para el poeta, es ya toda una heroicidad, roer ese estadio preconsciente, ese cálido útero de la mente, en el que ésta funciona de otra forma, con otros códigos probablemente mucho más naturales, así “… el niño funda la sustancia silábica,/ una intención de lumbre en el sonido …”

Llama la atención la pulcra construcción gramatical, el quirúrgico dominio de las palabras, imposibles sin un oficio sólido, sin una experiencia asentada. Algo que me induce a pensar en una madurez, en un control de las riendas, que permite hacer y deshacer al poeta lo que le viene en gana. En esta primera parte del poemario, me resultan muy destacables  los versos del poema La lucha interior del adalid: “Veo la oscuridad/ y no sé si la noche es la de afuera.”  Esta certera simplicidad con la que se expresa en ocasiones, contrasta con el complejísimo discurso que encierran las palabras.

Ricardo Rubio

Las estructuras de los poemas suelen contar con versos flotantes, lapidarios, sentencias que sepultan inmisericordes, y que resonantes, rebotan en nuestra memoria inmediata. Estos versos flotantes, son usados en ocasiones tanto a principio, a mitad o al final del poema, amén de ser usados en las tres ocasiones a un tiempo. Pero es para mi gusto el verso flotante final, el que actúa de rúbrica, el que encierra el secreto y la sorpresa, es como digo, la losa que el héroe debe soportar en su largo recorrido.

Los versos en forma de pregunta interrogan al héroe sobre el mundo que le rodea, le sitúan y le anclan poco a poco en esa realidad que se construye con el discurso, con la interpretación.

Si la primera parte del poemario es la niebla de los sueños, el preconsciente, la segunda es la asunción de la no heroicidad,  “No habrá juglares ni trovas/ para el héroe de todos los días./ Será diminuto, invisible,/  un latido al azar.” o en otras palabras, la desaparición de las formas mágicas, y la aparición de lo cotidiano, y a su vez, el hecho de que lidiar con ello, con lo cotidiano digo, será de facto, toda una heroicidad.

El poeta se pregunta cual es el sentido de todo lo estructurado hasta el momento, de la vida tal y como se entiende en la edad adulta, del conjunto de convenciones que nos permiten relacionarnos y socializarnos. Aquí, las preguntas interrogan al héroe sobre su naturaleza, sobre el trabajo de construirse y sobre su construcción misma, pues el héroe, desprovisto ya de la certeza de la inocencia, cuestiona y se cuestiona el mundo y a sí mismo. “Sé que respiro,/ aunque ignoro el sentido de la inercia./ Sólo intento superar la asfixia,/ la opresión, el tedio, la acidez,/ la desolada esperanza de equidad./ ¿Dónde, la lógica, el juicio, la razón?”.

Los propios interrogantes, las preguntas, son los dragones contra los que debe lidiar, aún a sabiendas de que la victoria es imposible. Son los molinos de un Quijote enloquecido ya por su propia locura. Ya no hay hadas ni duendes, y aunque se intuya futuro, el pasado empieza a doler mucho más.

El héroe es presentado aquí como un ser que busca, una vez asumida la destrucción de lo mágico,  una justificación para la existencia, una excusa que resucite el motor, la voluntad primera que lo desencadenó todo. Un retorno imposible a ese desequilibrio inicial, al Big Bang.

Especialmente demoledor se me antoja el poema Parpadeos de un derrotero heroico, donde se exploran con crudeza las sensaciones de desconsuelo y decepción propias de la vida, de la asunción de la vida, del espeluznante resultado de hacer balance. La crisis. Citaría entero el texto, pero me quedaré con el verso final “Ningún espejo descubrirá mi ausencia.”  donde la tragedia del vampiro es una metáfora arrasadora y brillante, sobre la terrible sensación de indiferencia que nos profesa lo externo hacia nuestra existencia.

Si pudiésemos hablar de nacimiento, vida y vejez, no sería esta última un remanso de paz, más bien parece que el poeta nos enfrenta a la derrota absoluta, a la destrucción de todos aquellos conceptos que creamos en la segunda parte del poemario, y que ahora han sido desenmascarados definitivamente. Una rendición, entiéndase, muy al estilo de Miguel de Molinos, quien nos hablaba de la aniquilación, el recogimiento, la muerte mística, la oración de quietud; y en definitiva, de la suspensión de la palabra y por ende del entendimiento.

Es en esta última parte, donde en el poema El desmayo a los pies de una estatua, aparece el magnífico epígrafe del poeta, narrador, dramaturgo y ensayista Omar Cao, “Sólo los elefantes/ vuelven para morir …” Ricardo Rubio nos sumerge en la destrucción, en un Kali-Iuga particular, donde el héroe desbarata poema a poema, deconstruye verso a verso, todo cuanto había parecido asentado. La soledad y el silencio, son ya compañeros de viaje, son hermanos, padres y madres que se proyectan en antiguos espacios familiares, lugares que una vez revisitados, aportan la paz de la derrota. “… la noche apacigua las heridas/ y el silencio es pan del bueno/ antes de empezar a soñar. …”

Si existe un final, es el principio, ese en el que nada tenía nombre, donde todo estaba por descubrir, por hacer, un alzheimer deseado y liberador. La fusión con el niño y con todo. La extinción.

Cesc Fortuny i Fabré

Cesc Fortuny i Fabré,
Monistrol de Montserrat, 2018

RICARDO RUBIO (Buenos Aires, ARGENTINA)

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio nació el 11 de mayo de 1951 en el barrio de Mataderos, ciudad de Buenos Aires. Concluyó en 1967 el  profesorado de idioma inglés, así como en 1972 sus estudios en filosofía oriental, en 1983 los de analista programador. Estudió también idioma italiano, electrónica, narrativa fílmica, dirección teatral. En innumerables medios gráficos nacionales y del exterior se han publicado textos de su autoría, algunos en italiano, alemán, francés, catalán, gallego, inglés, rumano, albanés, búlgaro y ruso. De sus poemarios,  mencionamos “Clave de mí” (1980), “Pueblos repentinos” (1986), “Historias de la flor” (1988), “Árbol con pájaros” (1996), “Simulación de la rosa” (1998), “El color con que atardece” (2002), “Entre líneas de agua” (2007), “Tercinas” (2011). En narrativa se editaron los volúmenes “Calumex”, novela, 1984, “Crónicas de un legado hermético”, novela, 2011, “Minicuentos grises” (2009), entre otros. En ensayo elegimos citar “Elvio Romero, la fuerza de la realidad” (Ediciones Servilibro, Asunción, Paraguay, 2003) y “Elvio Romero – De la tierra intensa” (2007); y en dramaturgia, “Los remolinos” (1997), “La trama del silencio” (1998), “El escriba nocturno” (2002). Integra, entre otras, las siguientes antologías: “17 Poetas entre la utopía y el compromiso” (compiladores: Antonio Aliberti y Amadeo Gravino, 1997); “Esquina sin ochava” (compilador: Omar Cao, 2000); “El verbo de los tiempos” (antología de poesía universal, en ruso; compilador: Andrei Rodossky, Universidad de San Petersburgo, Rusia, 2004); “Dársena sur” (Asunción, Paraguay, 2004); “MeloPoeFant Internacional” (bilingüe: castellano-alemán; compilador: José Pablo Quevedo; edición conjunta de sellos de Berlín, Alemania y  Lima, Perú); “Breve polifonía hispanoamericana” (compilador: Alfonso Larrahona Kasten, México, 2005); “Eufonía” (2009); “Los Molinos de viento”, antología de cuentos contemporáneos, LMdeV, 2014); “Las voces que somos”, antología de poetas integrantes del Grupo Literario La Luna Que y algunos invitados;  “Poesys 18 – Elogiu Frumusetii – In praise of beauty” (Elogio de la belleza). Editura Academiei Internationale Orient-Occident. Trad. Dumitru M. Ion. Curtea de Arges, Rumania, 2014;  “Lendina e Shikimeve”. Nje antologji e poezise ndërkombëtare me 13 poet nga 13 vende te ndryshme te botes nga Jeton Kelmendi, perkthyer nga Anglishtja dhe Frengjishtja. Albania, 2015; “Zerat e Ujit” (Voces de Agua). Festivali Ndërkombtar¨i Poezisë “Ditet e Naimit”. Edicioni XIX. Macedonia, 2015; 20 poetas a mar abierto / 20 poètes au grand large”, antología de poetas contemporáneos. Edición bilingüe castellano-francés. Traductora: Françoise Laly. 2015. En carácter de antologador tuvo a su cargo los tomos I, II y IV de “Poesía para el nuevo milenio” (1999, 2000, 2001), “Emilse Anzoátegui, Antología poética (1956-1999)” y otros volúmenes de poesía argentina contemporánea. A través de Editorial Sagital se publicó en 2004 y se reeditó en 2015: “La palabra revelatoria: el recorrido poético de Ricardo Rubio”, por Graciela Maturo. Once piezas teatrales suyas fueron estrenadas, una de ellas en Madrid, España, con la dirección de Juan Ruiz de Torres. Desde 1980 dirige el Grupo Literario “La Luna Que”, que integraba desde 1978, y también la editorial del mismo nombre. Entre otros cargos, ha sido secretario general de la Asociación Americana de Poesía, miembro del comité de organización de la Fundación Argentina para la Poesía, secretario de cultura primero, y luego presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (Oeste Bonaerense), realizó exposiciones de revistas culturales y literarias. Desde 1986 ha obtenido diversos premios y reconocimientos por su quehacer poético, teatral y narrativo. Innumerables son también sus participaciones públicas en presentaciones de libros, festivales de poesía, mesas de lectura y eventos culturales.

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Eternamente ahora

Siempre este ya pegado a los ojos.
A cada instante un segundo baladí,
un ahora infinito que nutre y azora
el presente de las indecisiones:
instantáneo, efímero.
Inaferrable.

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Alrededores

Las aves
en la tarde,

las azucenas
y el silencio,

el fondo rojizo
del infinito,

todos habitan
este pequeño corazón.

 

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DE REGRESO

Me verán volver entre líneas de agua,
simplemente,
sin más deseos que partir
gota entre las gotas.
Será a plomo y en silencio,
un paso inmóvil
desde el umbral de la hondura.

Me libraré del apego
a las maderas de esta casa,
a los bolsillos llenos de imponderables.
Saldré de esta ropa, de este latido,
para ser disperso.

Me iré sencillo
a conversar con la niebla.

.

 

.

Nada sabemos salvo el desencuentro

Simulo distracción mientras agito otro tiempo
que inflama el corazón del amanecer.

Cierro los ojos e imagino los signos
de un lenguaje universal.
Busco razones
mientras palpito tristezas
derramadas en las grietas
de un espacio perplejo.

Cuando el alba abre caminos,
absorta, la lucidez se espanta.
¿Con qué veneno ahogamos la insistencia
y la ilusión, si de nadie es la luz de la distancia?
Ninguno es dueño del color con que atardece.
La conciencia navegó milenios para llegar aquí
y forzó un hombre aturdido
en medio de las piedras.

Hay alamedas heridas de sed,
pájaros con estertores de pánico,
pequeños peces luchando contra el invierno.
Pero hay manos de mujer
a lo largo de mi espalda
que mitigan la ferocidad de la vida.
Así siento las caricias y los desaires.
Ahora los años acosan para siempre,
y son apenas silencio
en el fondo de un gesto.

.

La razón es ciega cuando se agita un prisma

Cualquier palabra no es tu palabra;
no es tuya la voz del niño
con garganta de trueno,
ni el color del tulipán, ni la brisa del sur.
Ese escudo no te cubre del temor,
esa cota no impide el paso de las flechas.

A veces, la luz se dispersa
para dejar un hueco confuso
en el ojo de los hombres.

Cuando los bosques en tierras aún indecibles
no imaginaban su follaje,
cuando el sol era un punto
con todos los puntos encendidos,
cuando los astros eran fragmentos
de un único astro incomprensible y loco,
y la molécula vibraba en la insistencia,
el escriba ya era parte de un recuerdo
en la materia,
y aunque sus ojos no atinaban ni el espíritu
ni el hueso, ni el calor, ni la intemperie,
en su inercia la vida planeaba la risa de la pasión
y el cuarto oscuro de la ciencia.

Luego un hombre entrevió el roce, la fisura,
el músculo partido
por la simple disolución de la franqueza.

Y gimió.

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Los ojos se cierran a la danza o se abren al dolor

El tala se ciñe entre arrugas y silencio;
entra y sale del aire con una fuerza antigua.
Se lleva la última gota de las acequias
hacia un torrente invisible
que no alcanza su piel muda.

Cuando el monte envuelve su sed y su tristeza
el cielo lo ve alzar los brazos al viento.

Navegaré la eternidad para entender este porqué,
este confuso caracol que se ahoga entre arena y sal,
esta ambición que cae en las manos de la intolerancia,
este falso remanso de la idea.
¿Cómo ver el otro lado del espejo
cuando el núcleo está en la carne?
¿Cómo ser uno cuando desmayo?

La vida se contrae, se recuesta en la senilidad,
se apostema y se aturde.
El delirio invade las formas, la razón vacila,
la desnudez intenta un color en las tinieblas
y busca una especie, una estirpe, una tribu,
un cimiento donde sembrar el aire.

Pero la luz se hace noche, niebla, sopor,
confusión de lirios a la sombra de un nogal.
Carreras infames dibujan un pasar delgado y pueril.

El ocaso es demasiado vértigo para la desnudez.

.

Nos mantenemos agua  en un estanque mensurado y atónito

Acaso consagramos las tardes al estupor.
Alejados del ya,
indagamos lugares sagrados de la memoria:
los pródigos sueños, las tantas quimeras,
las ambiciones que crecían temerosas
con lentitud de otoño.

Tristemente, el niño se obliga
a dejar la ingenuidad y juega a estar cansado.

Las horas se hacen interminables días en la luz.
Inteligibles las cosas se ufanan de existencia.

La decisión es al fin un nervio que obedece,
un latido que se expresa, que se abre.
El tiempo deviene en el verdadero sí de las manos
y descree de oscuros enemigos revelando un calor
que no sucumbe al frío de la tristeza.

Aún así la paciencia hace lentos los meses,
los siglos llevan en andas lo indecible de lo eterno,
la levedad y la caricia se someten a la ansiedad,
el olvido se hace nunca y la esperanza brisa.
El antes alberga una quietud
y el ahora una historia y un silencio.

No tenemos tiempo más que para nombrarnos.
Casi siempre el árbol es más débil que su flor.
Nacemos para ir perdiendo la luz de las estrellas.