MARY-JANE NEWTON (INDIA-HONG KONG)

 

Mary-Jane Newton

Mary-Jane Newton nació en India, creció en Alemania, estudió y trabajó en el Reino Unido y vive en Hong Kong desde 2008. Es autora de dos libros de poesía, “De símbolos mal usados” (2011) y “Desbloqueo” (2013), ambos publicados por Proverse Hong Kong. Sus trabajos ha sido publicado en diversas revistas literarias y antologías. Su tercer libro, “Pequeño pájaro cruel”, aparecerá en 2016. Es directora editorial Macmillan Publishers China.

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                                                                                                 (Traducciones de Ricardo Rubio)                                                                

 Asesinato

si estás enferma
quizás la luna
solo sea po-po-poesía
y yo sea la cura
que asimiles
descártenlos
treinta balas
para el rey
treinta consonantes
consumidas, conspiradas
y en su sangre
la reina
debe unir con líneas de sable
la surcada
piel desnuda
un parásito
y tú y
palabras nada más
que picazón inútil
bailando con tus
correligionarios
después de haber irrumpido
en el palacio
dedos refregando ojos
estómagos atiborrados
mira por ti mismo
el futuro
en los astros
está abierta y desnuda
liberada y cantando

 

 

 

El cometa

 

                             para Saskia

 

Uno puede contar una historia
empezando por la mitad
empezando por el principio
o por el final
pero les contaré la mía
en pleno vuelo:
Cierto es que
el cometa destelló cruzando el cielo
como los hombres del Apocalipsis dijeron que lo haría,
comenzó un viento caliente
y las hojas de los sicomoros
yacían alrededor como
estrellas amarillas cortadas por niños inexpertos
Estuve expectante ante el suceso
y cuando sucedió
el instante heló mi sangre y
castañeteó sus dientes como un perro rabioso
y plantó un cometa del tamaño de un granero
justo en el centro
del baldío de nuestro barrio
Cuando llegó fue un siseo, una ráfaga,
una conmoción, una convulsión del corazón,
una lesión del tiempo
y los hombres del Apocalipsis
alzaron sus brazos y se sintieron aliviados y saludaron con prudencia
y tal vez debería decirles que, en realidad,
el cometa era una perla en mi pecho
que había caído y ostrado mi corazón
y tal vez debería decirles que, en realidad,
ustedes son el cometa
y que giré de mi post mortem
tomando el lugar del impacto
viendo el fin del mundo
y amando cada minuto

 

 

 

La cita

 

Te emplazan una cita
en la madrugada
en un hotel
y no puedes decir que no
tienes que ir
y cuando llegas
ahí está el mar de fondo y el reflujo de la pobreza
el sentido humano erosionado apestaba
se refregaron las caras contra
una antigua rueda de necesidades
los gritos atormentados de los bebés
las madres lavando enfermos en las piletas
y maleteros del infierno
soltando venenos, acarreando saliva
y hombres entre las piernas de mujeres delirantes
y luego te enteras
que los pasillos están llenos de sombras
y en las sombras cuelgan cuerpos incrustados el aire
los blancos asoman en sus ojos
las manos hinchadas y arrugadas las tripas
también cuelgan voces perdidas
suspendidas como ropa olvidada
puesta a secar
y maletas abandonadas llenas de vacío
pensamientos y risa
y el demonio presidiéndolo todo
está programado para llamarte por tu nombre
pero no ha pronunciado tu nombre
de modo que esperas y te asombras
y compruebas las puertas del hotel
pero ninguna está donde tiene que estar
y necesitas estar allí ahora
ya estás retrasado
y entonces es cuando empiezas a sospechar
que es una ruta espiralada dentro del alma de la oscuridad
y que se hunde hacia dentro
y tal vez tu nombre nunca se pronuncie
y nunca llegaste

 

 

 

Manos negras

 

Intenté correr pero mis piernas se quemaron y se derrumbaron;
Intenté volar pero mis alas fueron atadas con un hilo de veneno;
Intenté nadar, pero mi cuerpo era blando y se plegaba en el agua;
Intenté escalar, pero mis brazos fueron comidos por unas fauces con dientes afilados;
¿Quién me derritió?, ¿quién me rompió? ¿Quién dejó que mi núcleo se echara a perder?
Fuiste tú desde las sombras. El otro que intenta sobrevivir.
No hay nada tan triste como piernas que fracasan al correr, alas que no pueden volar.
¡Nada tan pobre como el corazón que llora, que puedo cambiar!
Nada tan negro como las manos que mantienen el secreto.
Te permito ser.