MARIAN RAMÉNTOL (Barcelona, ESPAÑA)

Marian Ramentol fotografiada por Luis Cuesta

Marian Ramentol fotografiada por Luis Cuesta

Marian Raméntol (Barcelona, 1966). Poeta, traductora y directora de la revista cultural La Náusea. Miembro del grupo musical O.D.I con el que ha editado vídeo-libros y diversos álbumes. Ha trabajado con músicos experimentales en múltiples recitales y performances.. Ha traducido a poetas contemporáneos italianos al catalán y al castellano. Ha publicado catorce poemarios y ha sido incluida en trece antologías. Ha sido premiada en diversos concursos nacionales e internacionales, y su obra ha sido ampliamente difundida en revistas especializadas donde ha publicado poesía, ensayo y artículos de opinión. Ha sido traducida al inglés, alemán, italiano, rumano, armenio, portugués, búlgaro y estonio, y ha prologado varios libros de poesía. Su actividad en el ámbito poético le ha llevado a formar parte de festivales, exposiciones, recitales y diferentes actos patrocinados por ayuntamientos, editoriales y otras entidades culturales.
Blog personal: http://www.marianramentol.blogspot.com

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PUERTAS AMANTES DEL VACÍO

Puertas amantes del vacío,
abiertos vuestros vientres
a todas las alucinaciones.
El miedo escapado de vuestros marcos
busca restos de humanidad
para engrasaros las bisagras,
y esputar luego los pellejos tumefactos.

Miradnos bien,
somos el relevo obstinado de vuestras galaxias
sin nuestros vicios cancerosos,
sin nuestra fiebre,
no podríais engullir nuestros fantasmas de carne,
no podríais sumar al negro
la acritud miserable
de las esquinas con hedor a orín, el hambre
reclutado en los suburbios de la piel,
el chirrío de lagrimales analfabetos,
la superpoblación de ojos mortecinos,
y todo cuanto pueda ser amado por el terror ,
todo lo que pueda convertirse
en el combustible de su irredenta yugular,
como por ejemplo, la vida.
Miradnos bien,
ahora que aún somos mejillas apagadas,
salivadnos antes de que lo haga el sol
y perdáis la oportunidad de llorarnos.

 

MORSE PARA CRIATURAS ABISALES

Deambula por mi desnudo
cual tijera íntima
que intima con mis edades.

Si tú eres quien tira de la cadena
dejaré que la cisterna actúe
y se lleve todas las palabras-hélice
que decoran mi garganta.

Enfréntate a mi lengua con la azada lista
para abismar los surcos yermos
y convertir mis magulladuras saladas
en Morse para criaturas abisales.

Porque si eres tú quien abonas la tierra
dejaré que la vaciedad cubra mi cuerpo
hasta secar la magia de mis desembocaduras.

 

CIRUELAS, ESTACIONES Y VENAS PALPITANTES

Si no fueras tan aurífero
te daría a beber mi sangre oblicua
y los dos humedeceríamos el viento
para silbar sobre nuestras tumbas.

Pero yo sé que la muerte te mancharía la boca
y eso sería un pecado para el aire.

Prefiero tu sonrisa de óleo
y tu lagrimal sin intemperies,
sin ceniza, desde el útero
y con el beso ahorquillado por secretos glandulares,
por los cánticos de incontables células
que bailarán hasta formar una nueva encía ,
múltiples caricias de arena
que nuestros muertos irían recogiendo
para que tú y yo sigamos amamantándonos
de ciruelas, estaciones y venas palpitantes.

 

UN CHARCO ME HA PROPUESTO TAMBORILEAR MI NOMBRE

Soy mercenaria del sol
y extranjera en un jardín borracho
que confunde las estrellas
con el semen lumínico de las farolas.

La llave de mi útero es de agua
y en la entrepierna se acelera un abismo parturiente
espectros que viven en diferido y también confunden,
esta vez los rascacielos, con polos de chocolate .

Pero hoy me ha encañonado un mejor postor:
un charco me ha propuesto tamborilear mi nombre
y menguar mi lengua a un solo latido,
desde ahora me declaro embrión de arrecife
y rompo aguas sobre las estaciones.

Si mañana se me dirige la muerte
le asestaré un beso erecto
y cerraré mi precio sobre las algas.

 

CUIDADO CON LAS PALABRAS CIRCUNCIDADAS

Las palabras manchan, sobre todo las pendientes.

Si dejas una palabra por pronunciar
no habrá acordes bastantes para ser de carne
y serán las encarnadas páginas de un libro
quienes cierren el puño y expectoren en seco
para inhalar la sangre de las cosechas.

Cuidado con las palabras circuncidadas
pueden darte respuestas muy negras
desde antes del dolor. Prudencia
ante el hálito de sus feroces vocales
que pueden abultar la huida en tus ojos
y adelgazarte.

Las palabras mienten, sobre todo las de Dios.

 

SI SE ME MOJA LA EDAD

Los cartílagos de la mañana serpean sus costuras,
de las grietas caen los muertos
y se cometen homicidios
en las alcantarillas de mis ciudades.

La lluvia es un eunuco forajido
que intenta marinarnos.
Si se me moja la edad
tendré que precipitar mis verdes
para sobrevivirme.

Porque
aunque tenga los bolsillos repletos
de tormentas puntiagudas
y un millar de fotos salíferas,
no soporto el agua dramática sobre los nichos
que son refugio, paisaje, infierno y vientre.

 

¿CÚAL ES LA MÉTRICA DEL DICCIONARIO?

Dylan pregunta cuál es la métrica del diccionario,
a mí no obstante
me preocupa la ebriedad del flujo sanguíneo
cuando defiende a los ángeles.

Tolerados ángeles de libro que salivan la humanidad
entre renglones sin que el calígrafo se entere,
ángeles cornudos
que nos saben cruciformes, rotos y apresables
y babean ante el tintineo de tanto pezón.

Es el silencio quemado lo que huele a santidad,
por cada índice erecto una dosis de pringue de “amor”
tras unos ojos obesos y orales
que claman por un cielo a escala
mientras sodomizan nubes tricolor
y otras tiernas criaturas.

Ese es el Padrenuestro apócrifo que nos dicta
el primordial grano de levadura, la primera grieta del púlpito:
la primogénita llaga del hombre
cuando escapa por el ojo de la aguja.

 

EL MAR, LA MUERTE Y LAS ALUCINACIONES

El sedal tira de mi nuca y conmigo emerge
una colonia de letras deshidratadas
columpiándose sobre los besos esponjosos,
playas impermeables sometidas a caricias blancas
y lisas en un mundo embalado y sin estrenar.

Emergen también los abrazos estrechos
y un montón de bocas
inclinadas para sorber excesivamente
el cansancio de la espuma.

Y en el fondo abisal del corazón
queda el inventario de los huesos,
los accidentes labiales
ensartados de párrafos simples,
la claustrofobia de las hojas sin firma,
el sedimento sanguíneo que va formando
poemas sin freno, palabras solubles
y delgadas, inviernos sin desenterrar.

En realidad, todo queda sumergido
en el morral de pesca, el substrato
acuático de mis manos, la apariencia
de este cielo flotante,
la gramática del dolor, el alma de hombros
encogidos, el cebo marinado de verdades
infinitas, el mar, la muerte
y las alucinaciones.

 

ME AGACHO SILENCIO ABAJO

Afincada en las horas bajas,
donde los pórticos despiden a las sombras
demasiado maduras,
y el desmayo de las calles
se escribe en el último murmullo del estanque,
allí, en el rincón residual de una mirada,
extiendo los brazos
hacia el pecho ardido
de un sol innecesario.

Suspendida y entelada,
amamanto azules primigenios
mientras mi casa traslada su penitencia.

Deshago la boca arrastrada de la noche
para que el mundo no duela, para que
los hijos seniles no se arañen los pies,
jugando – con catástrofes de chapas torcidas-
a inyectarse el frío y a apuntar bien lejos,
con ametralladoras de leche rancia
y munición labial sin apetito.

Me agacho silencio abajo, muy abajo,
para que todo pase, pero no pasa nada.

 

ESE INSTANTE VORAZMENTE INÚTIL

Ya no puedo poseerte, no he vuelto
a desdoblar tus mañanas
en las pupilas inertes del día
ni en la demanda de las nubes
cuando penetran
mis escondites, no entreveo tus manos
inacabables en la resignación del sol,
procuro inflamarme
para atenuar el invierno
de este mar perenne,
sigo buscando
tu religión en mi silencio,
pero no hay abrigo
en la altura del dolor, ni muros
suficientes para evitar la ceniza arrodillada,
el ácido capaz de empalidecer un pedazo
de muerte, ese instante vorazmente inútil.

Me pierdo
en la tragedia líquida de tu nombre,
floto sobre las horas y un peligro agudo
me roba el vacío,
unta mis labios con la piedad
irreparable de la espuma,
ilumina mis suburbios
con un aroma tan frágil,
que resulta un pobre talismán
para mis fantasmas, un acueducto torpe
y mal intencionado, donde dejarme evacuar
lenta e indescifrablemente.

 

EXTREMADAMENTE NÁUFRAGOS

El dolor se añade a sí mismo
y llora sobre mi lápida.

Un atardecer de manteca
se extiende sobre las rebanadas
de mis días oscuros,
y todo se vuelve indivisible,
el sexo recién lavado y distinto
para cada muerte,
la pizca de sol que me queda
bien apretada en la nuca,
agua para el amor y para el odio,
sal para los nombres
extremadamente náufragos
que apenas alcanzan tu casa, tu vientre.

Todo se anuda en el séptimo escalón
de mi ceguera, en mi aplomo al ignorar
tu sabor desandado, la aceleración de tu huella
hacia el cero orondo y perfecto de un latido.

Todo se funde en ese crepúsculo inmenso
que deglute mi sangre y me nombra al revés,
entonces deseo tan sólo desaparecerme,
despacio,
bajo tus alas muertas.