MARIA ELENA ROCCHIO (Buenos Aires, ARGENTINA)

Maria Elena Rocchio

Maria Elena Rocchio

María Elena Rocchio integró el Café Literario Antonio Aliberti, dirigido por los poetas y escritores Luis Raúl Calvo, Amadeo Gravino y Julio Bepré, como coordinadora (2000 a 2011). Fue coordinadora de la peña literaria “Julia Prilutzky Farny”, de la Secretaría de Cultura de la CGT, de 2004 a 2007, declarada de interés cultural por la Secretaría de Cultura de Nación y de la Provincia de Buenos Aires. Fue incluida en diversas antologías, especialmente el Diccionario Histórico compilado por Fermín Chávez (2005) y en “Poetas sobre poetas”, ensayos, Ed. La Luna Que (2014). Fue elegida madrina del grupo literario Escrivientos, de Chubut, 2005. Ha publicado en poesía: Ahora mis alas, ahora… (2000), Himno circular (2002), Luz indefensa (2009), El misterio posible (2014).

 

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Himno circular

Siento la espalda huyendo en el vértigo.
Es tu cara, es la sonrisa del placer,
un himno circular que nos bautiza.

Enamorarse es la humedad del vidrio
dibujando en el lecho tu boca entreabierta:
esquina de Cortázar, el tapado blanco
del otro cielo.

Deseo, te has cobrado una víctima
y hay una niebla desconcertante
en Buenos Aires.


De Luz indefensa

VI

Tenemos esta vida
entre tantas posibilidades
de no tenerla
dice Maria Granata

 

y por qué no la eternidad
la compasión y el éxtasis,

esas magnolias que quedaron
como belleza primera
en los sentidos de la infancia
acechando, preparando

el alma para Dios
la piel para el milagro

XIII

mi espíritu está ahí donde la noche
entorna las puertas al desprevenido
siento mi sed de oleaje

en el faro se estrella el silencio
el duelo de mi palabra y la belleza
impune de los astros

el pecado del mar es su inmortalidad
enfriando mis manos
mis manos

 

IV

el mantel de la mesa
de mi madre

 ángel que todo sabe
y todo calma


XXI

en las madrigueras del recuerdo
busco tus ojos negros
el goce de tus besos tus manos

cuando se tuvo amor se tuvo todo
hay un dios en la puerta de la casa

 

XX

yo tuve el mar
endemoniado esposo

salía para gozar el sol
y bendecir a Rimbaud
por nombrar la eternidad

 “es el mar mezclado con el sol”

y qué playa puede contener
su infierno su belleza
y la pasión inútil

mi brevedad no importa
yo tuve el mar

 

XXXVI

 

Palabra que dueles
dejar hecha la cama con cuidado
la ventana abierta como Lorca
la paz como papel al viento

el tiempo que me pertenecía
ahora se aleja en círculos de luz
vida que me alimentas de poema

yo te abro los brazos del humilde
que supo amar y perder
del pecador que tiembla

pero ha gozado como buen amante
que siempre va por más
Medito
en las inquietudes que a veces pesan en el
cordón de la vereda,

en las pasiones que se sueñan en vano,

en el aullido nocturno de las voces del pasado,
en toda la liturgia que comienza en los
párpados, de por sí inocentes,

en la incesante muerte de las uñas, el hueso
que jamás veremos

y dormirá en el sol la pena de los huérfanos,

en el espeso velo de los mártires que nunca
quisimos oír,
en este día entre tantos siglos y esferas de
inocencia,

paréntesis de sabios, paréntesis de aleluyas,
paréntesis en el agujero

que atrevidamente definimos cosmos.

Segunda meditación

Iluminada, a veces, interrogo los altos
movimientos del aire,

invierto espacios de ternura en las flores
abiertas

en los niños pequeños con los dientes de luna
y las manos rosadas

en el proyecto hilvanado para ser feliz,
aunque es tan inestable la mañana, a veces
la tarde y la noche;

me afirmo
en la piel de los bosques después de la lluvia
inapelable,
como el desayuno del convaleciente.

 

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