JORGE BACH (Buenos Aires, ARGENTINA)

Jorge BachJorge Bach nació en Buenos Aires. Es Profesor de Castellano, Literatura y Latín, Lic. en Enseñanza de la Lengua y la Comunicación (CAECE) y Magister en Comunicación, Cultura y Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabajó como Asesor pedagógico y elaboración de guías didácticas para Canal Cl@se.net  del 2001 al 2010. Ha volcado sus  experiencias pedagógicas  en los libros “Donde quedó mi Tamagochi” y “Profe no tengamos recreo” de Salvador Ottobre y W. Temporelli. Publicó el poemario “Jazmines de la calle oscura” (2012) y el libro de cuentos “Historias del fin” (2011).

Presentación Biblioteca Popular Manuel Belgrano de Pinamar

Jorge Bach y Ricardo Rubio (Presentación de “Historias del fin” en la ciudad de Pinamar.

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No soy tu imagen

                 A mi esposa

 .

No soy tu imagen

y menos

la imagen pura de mí.

Yo no revelo

la lentitud mustia de la carne

como tampoco

la figura que prefirió el espejo.

Tal vez,

las llagas fundan

la mirada prejuiciosa

que enmascararon los años

o depriman

el hábito de la amargura;

pero no dejaré de sentir

que para el futuro

basta un solo paso.

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Jazmines de la calle oscura
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Diez o quince jazmines
transitan la calle oscura.
La ventana impermeable
no pudo rescatar sus sombras
ni sus luces repentinas.
La memoria imposible
invade cada uno de los tallos.
Tal vez, pertenezca
a una planta extinta
o sea el simulacro
de una naturaleza
que pareció soberbia.
Los jazmines no se marchitan,
en esos jardines inusuales;
permanecen al resguardo
de la luz de la mirada del sol
y de los ojos ávidos
de quienes pretenden sus pétalos
para un florero mustio.

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Síndrome otoñal

                                             A mis hijas

 .

Mientras las hojas

entregan al otoño

la sequedad de los tejidos,

abrazo a mis hijas.

Es lo que puedo hacer;

en tanto,

soy tan leve como la hoja.

El tiempo siempre

parece lejano,

un latido extraviado

que se vierte en cúmulos de sangre

embebidos de poesía.

No quiero la tristeza

ni la soledad

ni decir lo que debería.

Se acerca el tiempo

de preparar los gajos,

de regalar un rosal

para que algo quede,

para que no todo se pierda.
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La inmovilidad del río
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Una multitud de luciérnagas
avanza contra el cielo espejado.
Una batalla de luces
enfrenta al fondo oscuro
con el calor remoto de la tierra.
Algunos silencios y destellos
me recuerdan la lejanía,
mientras se recorta entre los ligustres
la figura del pequeño
persiguiendo al insecto
o intentando atrapar de un salto
una estrella.
Sin embargo, jamás vi destellos
sobre el puente que resiste al río,
que desenfrena luces fijas y dubitativas
en el fondo, o tal vez, sobre la cresta.
En él, jamás sabré si lo que he visto es veraz;
algo permanece
y algo me hace pensar que los años
planean un encuentro para mí.

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Propósito
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El viento
desplegó el oficio de acariciar las ramas
con el ímpetu propio de su naturaleza.
Amores que matan
y vendavales que arrastran las hojas
y los tallos débiles
y las raíces que no se atrevieron
a dragar el fondo.
Amor que mata la debilidad del amor
y revela la condición única de la verdad
que acaso nos miente.