HANY OWEED (Egipto)

Hany Oweed

Hany Oweed

Trad. de Ricardo Rubio
de la versión en inglés de
Abdelrehim Youssef
del original en árabe.

 

Torres de represión

No te preocupes por la noche
que ya no tiene efecto de terciopelo,
ni la soledad mora en esos callejones
apilada en sus restos,
es más que eso;
se queda detrás de los bultos
y ojos fijos
se mantendrán encendidos
para secuestrar lo que piensan,
para construir
las torres alpinas de la represión.

 

 

La canasta de mis sueños

Sola, sin brazo
está la canasta de sueños colgada en el hombro de la niebla.
Me dejó
o la dejé, ¡no lo sé!
Dentro de mí, parvas de caos
y una ilusión arrastrándose ingenuamente hacia mis ojos,
dispersando la quietud del crepúsculo
vertida en el viaje.
No pierdas tiempo en las visiones sin salida,
no verás más que yo.
Desde que la tierra me engañó
como dientes de sillas trillando mi carne,
mi corazón está ahí,
pidiendo prestado el papel como refugio seguro para el calor.
Las estaciones pueden cargarse de humo una vez más
de modo que la bala reconozca mi huella digital,
mi pecho,
o las bestias, que examinaron cuidadosamente el polvo de la carretera
y no te encontraron, ¡podrían desaparecer!

No hay que escapar de la ventana de ausencia a la ausencia
y tú olvido, no abras un cristal
¡No todos los detalles del dolor merecen la muerte!
Estoy en camino,
y también mi amada, con su delgada sabiduría,
mi hermano con la filosofía de salir del dilema de la realidad,
y su accidente,
mi madre resiste el doblez con su astilla de platino,
mi hijo, que atraviesa la gravedad con las flechas de su sonrisa,
mi padre y el pasaporte al alfabeto,
esperando lo que no son más que facturas hogareñas,
mi jeque, que evitó su ceguera para ver la ayuda más Alta.
En el camino, otros queridos
y millones viendo la aguja del sueño y el agujero de la historia,
y el truco de la luz interior.

En camino…

Me basta haber dejado una voz que tu pasaje conozca,
el idioma de tu mano,
nuestra infancia en un cuerpo volado por la belleza de tu atención.
Tus toques, que bordaron mi supuesta primavera,
son como un aroma que guía a los caminantes
¡a donde crece la vida!