GRACIELA MATURO (Santa Fe, ARGENTINA)

Graciela Maturo

Graciela Maturo

Graciela Maturo nació en Santa Fe, Argentina, en 1928; es escritora, poeta, americanista y docente argentina, retirada de la cátedra e investigadora de las Letras. Fundadora del Centro de Estudios Poéticos Alétheia, y es Miembro Honorario del Centro de Estudios Filosóficos “Eugenio Pucciarelli” en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires. Doctora en Letras,  profesora universitaria  (UBA, UCA, USAL; UNCu, UCES, Instituto Franciscano), ha sido Investigadora Principal del CONICET, directora de la Biblioteca de Maestros, fundadora de centros y grupos de investigación, asesora de editoriales, etc.
Dirigió la revista de poesía Azor (Mendoza, 1960-1964) y Megafón, (1975-1989) órgano del Centro de Estudios Latinoamericanos que fundó en 1970. Integra el Centro de Estudios Filosóficos “Eugenio Pucciarelli” de la Academia Nacional de Ciencias y colabora en revistas especializadas de Argentina, Colombia, Venezuela y otros países. Ha cultivado una línea de pensamiento humanista, renovada por la Fenomenología y la Hermenéutica moderna, y defiende la legitimidad de un pensamiento situado, asentado en el ethos hispanoamericano.
Su obra publicada, que ha merecido numerosas distinciones, abarca la poesía, el ensayo y la investigación literaria. A continuación se mencionan algunos de sus libros de ensayo e investigación: Proyección del Surrealismo en la literatura argentina, Ediciones Culturales Argentinas, 1967, en vías de ser reeditado; Julio Cortázar y el Hombre Nuevo, 1ª.ed. Sudamericana, 1968, 2ª ed. ampliada, Fundación Internacional Argentina, 2004; Claves Simbólicas de García Márquez, 2º edición ampliada 1977; La literatura hispanoamericana, F.García Cambeiro, Buenos Aires, 1983;  Fenomenología, creación y crítica, F.García Cambeiro, Buenos Aires, 1989, La mirada del poeta, Bs. As, 1996, 2ª. edición ampliada, Madrid, Amargord, 2008; La identidad hispanoamericana. Problemas y destino de una comunidad, Tekné, Buenos Aires, 1997; Marechal: el camino de la belleza, Biblos, Buenos Aires, 1999; La razón ardiente. Aportes para una teoría literaria latinoamericana, Biblos, Bs As, 2004;  Relectura de las crónicas coloniales del Cono Sur (directora), USAL, Buenos Aires, 2004; El humanismo indiano, (editora) Buenos Aires, 2005. Literatura y Filosofía desde América Latina, Universidad de Caldas, Manizales, Colombia, 2007; Los trabajos de Orfeo, EDIUNC, Mendoza, 2008; La opción por América, Editorial Ross, Rosario, 2009; América: recomienzo de la Historia, Biblos, Buenos Aires, 2010.
Ha publicado los siguientes  libros y plaquetas de  poesía:  Un viento hecho de pájaros, edición Laurel, Córdoba (Arg.) 1958; El Rostro, Montevideo, 1961, reeditado por Ciudad Gótica, Rosario, 2007; El mar que en mí resuena, Buenos Aires, Ismael Colombo, 1965; Habita entre nosotros, Mendoza, Azor, 1968; Canto de Eurídice, Buenos Aires, Último Reino, 1982; El mar se llama ahora con tu nombre, Buenos Aires, Último Reino, 1993; Memoria del Trasmundo, Último Reino, 1995, reed.1999; Cantos de Orfeo y Eurídice, Córdoba, Ed. El Copista, 1997; Nacer en la Palabra, Mendoza, Ediciones Culturales de Mendoza, 1997; Cantata del agua (plaqueta), 1998; Dibujos en un jardín de arena (plaqueta), 1999; Navegación de altura, Último Reino, Buenos Aires, 2004;  Antología Poética, Fondo Nacional de las Artes, Bs. As. 2008; Bosque de Alondras. Antología poética 1958-2008, Universidad Cecilio Acosta, Maracaibo, 2009; Jardín de arena, 2015.

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EL MANANTIAL

                                                Para Ailén

Cuando las piedras afiladas del desierto
hayan destrozado tus sandalias
y contemples tus manos desgarradas
entre las zarzas,
cuando un viento de cólera
haya apagado las últimas lámparas
y la temible oscuridad
cubra los retratos amados,
entonces,
cierra los ojos y recuerda
aquella pequeña fuente
hallada en la montaña.
El agua murmurante
lavará tus heridas,
la verde hierba te ofrecerá
su música callada.
Reposa sin cuidado
en su lecho de
eternidad.

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NERJA 

                                        A Pedro Cerezo Galán

Instante cenital de la luz.
Cósmica sinfonía de la hora.
Suave viento detenido en el mediodía de Nerja.

Oh líquido basalto de palomas azules,
Mar de Ulises besando las  negras piedras
con la dulce violencia de un milenario amante.

Éramos notas vivas de una música
ejecutada por un dios riente.

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HOMBRE DE MÁSCARA DE PÁJARO

                                           Ante un collage de Marx Ernst

El puñal se ha clavado
en el pie de la joven madre.
Puedo oír su gemido como gotas de sangre
entre nubes grises.

-No me cautivarás
hombre de máscara de pájaro,
jugador de dados enlutados.
No podrás destruir mi red de nube y sueño
ni convertir en polvo la rosa que me habita.

Volatinero cruel de amarillas vestiduras,
hechicero que esgrimes un látigo de violetas.
Tu voz enredaba mis cabellos
al gélido fuego de tus venas.
Tu canto encantaba mis oídos
con su seda de nardos.

Otro canto suena ahora desde las colinas
en el amanecer.
Una música hecha de luz,
un bálsamo sagrado.

De Jardín de sal (2015).

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UN VIENTO HECHO DE PÁJAROS

Toqué la piedra, su opaco testimonio
anhelando su lenta seguridad compacta,
la dura perfección de su silencio.
Pero un viento volvía con crines musicales
saludando a los árboles,
removiendo los posos de mi tiniebla amarga.
Y naufragué en el aire delgado y transparente
siguiendo su hebra de oro,
buscando los minutos esquivos como peces,
naciendo en el asombro
desde el polen que crece a través de mis ojos,
desde la red de sombras que me cerca la sangre.
Un viento hecho de pájaros y de presentimientos
una marea añeja de sales y de gritos
arrasando mis tallos,
doblándome la frente con su lengua de plomo.
Suben los viejos días, las vidas en espera
de su predestinado, encendido minuto,
el agua de las sonrisas extinguidas,
la ciega podredumbre de todo entonces.
En vano es que enarboles pálidas estructuras,
que traigas su húmedos cántaros confiados, familiares,
para esta arena trágica.
Nada apaga esta sed,
este bárbaro ciervo alimentado de astros,
sorbiendo la médula de los días,
cabalgando en sus noches.
Quiero rasgar mi piel para conocer su rostro
imponerle una niebla de sosiego,
beber sus bellos ojos de lava ardiente,
nutrirlo en piedra, en ordenados muros.
Dónde nace este pájaro incesante
nebulosa de espumas,
enjambre de raíces y de fábulas…

                                De  Un Viento hecho de Pájaros (1958)

*

JARDÍN DE HIERRO

No puede ser que todo se pierda para siempre,
que no tengan su número de amor
ni la música oscura que fluye entre mis dedos
ni el agua, ni la arena
ni la movida llana
ni el enorme silencio de los ojos del perro
ni el sueño de la tarde que bellamente muere.
Cómo será el olvido,
los días sin memoria,
sin este claro peso de las cosas amadas,
sin el tierno contorno familiar de los árboles
acaso sin tus ojos…
Cómo serán los lentos imperios de la gloria
su radiante crepúsculo sin noche
su implacable diadema.
Quizás pediré a Dios que me conceda un día
poder mirar el cielo desde huesos mortales
y saciar estos labios con un agua de tierra…
Volveré a los parajes que anduvieron mis pasos
entre piedras antiguas o entre muros
dulces, perecederos…
Acaso volveré, desterrada y ardiente
a mi jardín de hierro.

                                De El rostro (1961)

*

LA NUEVA ESTACIÓN

                                                  Apollinaire

Con una dulce hiedra de amor crecerán nuestras palabras
como el río impetuoso que en vano hemos querido contener
y surge y se derrama poderoso sobre la tierra
sobre la nieve sobre las rosas sobre el trigo
sobre el cemento sobre el cieno
Las palabras
creciendo como brazos de hermanos que se buscan
en un aire radiante de palomas.
La luz se mueve ahora hacia nosotros
mientras marchamos, discurrimos,
traficamos.
La luz quiere nacer en la palabra del que agoniza y vela,
en la palabra de carne y hueso, con el amor.
Cantando
haremos reverdecer las duras piedras que el desprecio ha secado
y hundiremos el rostro en los helechos
y el agua endurecida de la granada saciará nuestra lengua
En el aire giran los signos de la nueva estación.
Una bandada de pájaros se posa sobre el desierto de los escribas.

De El mar que en mí resuena (1965).