EMMA COUCEIRO (Lugo/Ourense, Galicia, ESPAÑA)

Emma Couceiro

Emma Couceiro

Emma Couceiro nació  en Cospeito, provincia de Lugo, Galicia, España, en 1977. Es una poeta en lengua gallega. En sus años de estudiante de Filología Hispánica, Emma Couceiro colaboró con Yolanda Castaño organizando varios ciclos de “Recitais na Facultade” para dar a conocer, en el mundo universitario, la voz de los poetas más jóvenes. Posteriormente participó en el proyecto editorial colectivo de Letras de Cal y publicó sus versos en multitud de revistas literarias. Es licenciada en Filología hispánica por la Universidad de La Coruña. Tiene publicados los poemarios Humidosas (V Premio Espiral Maior de Poesía, Espiral Maior, 1997); As entrañas horas (X Premio Eusebio Lorenzo Baleirón, Ediciós do Castro, 1998); y (Cito) (Xerais, 2003). Colaboró como poeta en revistas como A Xanela, Dorna, Xistral ou Zurgai y en los vólumenes colectivos Mulher a fazer vento, Palabras no ar ou Novas voces da poesía galega y Recital, entre otros.

 

 

Como crecieron
conmigo
tienen vida propia que ahogan más vivas

y no saben remedios

y anochecen solas.

Son como otras niñas;
aprendí a jugar con ellas
y olvidé los remedios,
sus nombres
cuando decían
nunca.

Tuve sueño
y dormí con ellas.
Fué una evocación confusa
de más y más palomas
detrás de mí.
Me costó noches de tejados
espiando sus formas,
ocupaban espacio y, con los años,
crecerían desmesuradas repitiendo
nunca.

Ahora recuerdo que tuve miedo
y unos gritos cansados
que odiaban.
También más paredes
y días desfigurados en que aparece su voz
debiendo historia y figura antigua
a mis secretos.

Hemos dado tantas vueltas para llegar aquí
y desgranar humidosas
que sólo quedamos nosotros y nuestras preguntas.

De aquellas que silbaban la melodía de criatura
y nombre
dejamos rastros

porque el tiempo pasa.

Estoy pensando en ellas.
Hay una explosión de manchas tristes
y pintura sorprendida
que dicen dolor
por más que la devoción me sale entera
y mareo el tiempo.

Justo en torno
a lo que iba a ser mi cuerpo acostado,
crecieron humidosas encogidas en la piel.
Ni ésta ni otra más
como una dama,
ya sólo desconchando líneas
de memoria
y entonces también con la lengua arrodillada en la boca.

Me duelen los pies
de mantener el equilibrio
y estoy sorprendida pensando en ellas.
Debe ser que sólo la voz es verdad
o que sólo existe realmente este silencio.

Quién puede abrir una alegría arrastrada
más allá de mi cuerpo acostado,
ni hoy ni nunca más
como una dama.

 

Vivimos en una casa de mentira.
Somos de trapo en su vientre disecado,
trapecistas
ensayando un futuro malabar.

Respira y dilata túneles,
cárcel rítmica de paredes y puertas
que duele atravesar como bocas desiertas para el silencio.

Paseamos en pijama
tomando notas a todas horas
con las manos llenas de tinta

sin voz.
(Del libro Humidosas, 1997)

Las entrañas y seca.
Ven a escucharme decir que no puedo sentirlas ya,
que no tengo entrañas ni es mía esta fuerza, a veces
pienso en ti mientras resisto
pero no es mía esta fuerza.

Con la mudez en la propia sangre
ni soy yo. Ahora que insisto en ser consciente
no tengo nada,
que este camino vigen enredaba hasta el ocultismo
o que miento,
ahora que insisto en ser consciente.

Pero este cuerpo no tiene que ver con nada,
construye esa piel alterada que no se asusta
y seca,

que tengo
el vientre contra mí,
de vuelta cruzándome seca.

Aguardo a esa extraña luna
que ambicionó guerras entrañas.
La que vence la luz en las tripas
y en los hemisferios de sus noches mientras quema.
La de mi cuerpo con sus marcas de luna.

Y el espíritu de las aguas en el cuello,
la expresión que desentraña máscaras y remueve la tierra.

Pasarán siglos despertando las piedras
mientras me miro e intento sentirme.

En el espejo
de nuevo nueva piel y ondeo.
Primaveras y almarios que rigen y estallan y contienen si soy yo.

Y debería de ser yo,
hundir la luna en las entrañas
y recorrerme.

Aún creo en las estaciones desiertas
que vivías detrás de casa.
Las tardes en que enterrabas todo cuanto tenías
por miedo.
Había vestidos que ella guardaba por siempre
o por amor a las cosas que nunca contabas.
Y sé que en la guerra y en la casa
todo salía con la misma fuerza
con que rasgabas las costuras para que no se ahogase.

Pero no respira aún tu cuerpo con esa fuerza,
no puedes imaginar cómo canta si canta dentro,
ni qué existe de extraño en su aparición.

Debe ser que ciega de asma tu boca
y por dentro,
o que desconoce el curso exacto de las venas,
la sangre que precisa para no ser historia.

Y siguen creciendo en la humedad
para que lo lleve dentro,
para que entienda su desierto dentro como entiende la vida,
porque aún creo en los que lloraban detrás las cosechas
mientras adentraban en la tierra y en el amor todo cuanto tenían
por miedo.

Y debo de ser esta que se retuerce
bajo el cielo desquiciado
de estas entrañas horas.