AMANDA TOMALINO (Córdoba, ARGENTINA)

Amanda Tomalino

Amanda Tomalino

Amanda Tomalino Nació en San Marcos Sierras, provincia de Córdoba, Argentina. Ha publicado en poesía: “De sortilegios y pasiones” (1998); “Calendario de flecha” (2001); “Los ojos del lobo” (2005); “Equinoccial” (2007); “El cuerpo infinito” (2010); “Thesión, la isla del laberinto” (2012); “El cuaderno de mi madre” (2014); “Un lugar en el espejo” (2015); “Toda la noche afuera” (2015). Comparte Congresos, Antologías y actividades literarias en nuestro país y el extranjero.

 

El eco

 

Es cierto.
El relámpago no dura tanto.
Después el eco lo hace más cierto.
Entrellueve a cántaros
sobre las largas calles silenciosas,
entresombras danzan los siglos
hasta amanecer.
Llueve y llueve
en las ramas del manzano,
un eco,
un relámpago,
hacen más cierto
tu pecho.

.

 

La piel a cada rato

 

Sobre la mesa.
Desnuda.
Rojo y natural el instinto,
la marea, el brillo exuberante.
La vastedad, en su lugar oculto,
le sucede a cada rato.
Atardece.
Es la hora;
el minuto en que la piel
recoge lo indispensable,
lo que apenas recordamos.

.

Llueve

 

Llueve celeste en los suburbios.
Las cuerdas del laúd
iluminan la tarde.

 

 

Sucede en el agua

 

La luna se afila
y muere.

.

 

Solo caminar

 

Recién termina de llover.
Empieza el día.
Un pequeño sonido
mis huellas en la arena.

 

.

 

Inventario

 

Cuento los inviernos
de estos muros
y la vida
cara a cara.

.

 

En su quietud

 

Una vara de membrillo
se hace altura,
construye la belleza quieta y delicada,
un sonido simple,
un paisaje que amanece.

.

 

Rostro de barro

 

Donde empieza el perfume
está el oeste,
donde empieza el silencio generoso del monte.
Donde el agua llega sin pasado ni ausencia
y tiene un modo de ver,
de amar el barro
de amar la frágil verdad de la vasija.

.

 

Ciruelo

 

No volvimos a hablar de Moscú
ni del jardín donde
aquella tarde pusimos el ciruelo.
30 de setiembre.
Como hoy,
infatigable
se prepara el árbol
para otra sinfonía de verano.
Para el agua,
para la abeja palpitante,
para el inmortal verde
de sus ramas.

.

 

Recodo

 

La corriente se curva suavemente
detrás de la montaña,
del azar, de casi nada.
Las ramas se inclinan
sobre la débil frescura,
un remolino,
una huella en el agua.
Detrás de la montaña llueve luna.
Detrás del azar,
la nada.

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