MARIO BOJÓRQUEZ (Sinaloa, MÉXICO)

Mario Bojórquez

Mario Bojórquez

Mario Bojóquez nació en Los Mochis, Sinaloa, el 24 de marzo de 1968. Poeta. Coordinador del Centro de Estudios Literarios del ICBC y de talleres literarios en las universidades de Sonora, Sinaloa y Baja California; coeditor de Ediciones Los Domésticos de Mexicali; gerente editorial del Centro Cultural Tijuana; gerente de extensión cultural y titular del programa para formación de lectores de alto rendimiento “Los Iniciados”. Editor asociado de la revista Biblioteca de México. Colaborador en la realización de programas literarios de radio para el IMER. Profesor de retórica y poética en la Fundación para las Letras Mexicanas. Colaborador de Aquilón, Biblioteca de México, El Búho, El Cocodrilo Poeta, El Financiero, El Suplemento, Etcétera, Hoja en Blanco, La Jornada Semanal,  Siempre!, Tierra Adentro, Unomásuno, Viceversa, Voces y Reflejos, Textos, y yubai. Becario del INBA, 1991; de DIFOCUR, 1993; del FONCA, en poesía, 1994 y 1999; del FOECA-Baja California, como creador con trayectoria, 1997, y del FOECA-Sinaloa, como creador con trayectoria, 2003. Miembro del SNC. Premio Estatal de Literatura de Baja California 1990. Premio Abigael Bohórquez de Poesía 1995 por Invocación al mar. Premio Nacional de Poesía Clemencia Isaura 1996 por La mujer disuelta. Premio Nacional de Poesía Enriqueta Ochoa 1996 por Contradanza de pie y de barro. Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2007 por El deseo postergado. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2010 por Alteridad y poesía. Antología apócrifa de ensayos sobre la heteronimia en la poesía iberoamericana actual. Premio Alhambra de Poesía Americana 2012 por El deseo postergado. Parte de su obra se encuentra en las antologías Chants de pierre, IFAL-Torreón, 2005; Eco de voces, Ediciones Arlequín/FONCA, 2004; Árbol de variada luz, Universidad de Colima, 2003, Across the line, Junction Press, 2002; Encontros da escrita, Farois, Lisboa, 1999. (De Enciclopedia de la Literatura en México: http://www.elem.mx)

Casida del odio

I

Todos tenemos una partícula de odio
un leve filamento dorando azul el día
en un oscuro lecho de magnolias.

II

Todos
tenemos una partícula de odio macerando sus jugos,
enmarcando su alegre floración,
su fruta lánguida.

¿Pero qué mares
ay, qué mares, qué abismos tempestuosos golpean
contra el pecho y en lugar de sonrisas abren garras colmillos?

Levanta el mar su enagua florecida, debajo de su piel va
creciendo una ola dispersada en su vacua intrepidez elástica.
Levanta el mar su odio y el estruendo se agita contra los
muros célibes del agua y atrás y más atrás viene otra ola,
otro fermento, otra forma secreta que el mar le da a su odio,
se expande sábana de espuma, se alza torre tachonada de
urgencias; es monumento en agua de la furia sin freno.

III

Todos tenemos
una partícula de odio
y cuando el hierro arde en los flancos marcados
y se siente el olor de la carne quemada
hay un grito tan hondo, una máscara en fuego
que incendia las palabras.

IV

Todos tenemos una
partícula de odio.

Y nuestros corazones
que fueron hechos para albergar amor
retuercen hoy los músculos, bombean
los jugos desesperados de la ira.
Y nuestros corazones
otro tiempo tan plenos
contraen cada fibra
y explotan.

V

Todos tenemos una partícula
de odio
un alto fuego quemándonos por dentro
una pica letal que orada nuestros órganos.

Sí, porque donde antes hubo
sangre caliente, floraciones de huesos explosivos,
médula sin carcoma,
empecinadamente, tercamente,
nos va creciendo el odio con su lengua escaldada
por el vinagre atroz del sinsentido.

VI

Todos tenemos una partícula de
odio
y cuando el índice se agita señalando con fuego,
cuando imprime en el aire su marca de lo infame,
cuando se erecta pleno falange por falange,

¡Ah! qué lluvia de ácidos reproches,
qué arduos continentes se contraen.

El gesto, el ademán, la mueca,
el dedo acusativo
y la uña,
¡ay! la uña,
corva rodela hincándose en el pecho.

VII

Todos tenemos algo que reprocharle al mundo
su inexacta porción de placer y de melancolía
su pausada, enojosa, virtud de quedar más allá
en otra parte
donde nuestras manos se cierran con estruendo aferradas
al aire de la desilusión; su también, por qué no, circunstancia
de borde, de extrema lasitud, de abismo ciego; su
inoportunidad, sus prisas

VIII

Todos tenemos algo que decir de los demás
y nos callamos.

Pero siempre detrás de la sonrisa
de los dientes felices, perfectos y blanquísimos
en sueños destrozamos rostros, cuerpos, ciudades.

Nadie podrá jamás contener nuestra furia.

Somos los asesinos sonrientes, los incendiarios,
los verdugos amables.

IX (CODA)

En alguna parte de nuestro cuerpo
hay una alarma súbita,
un termostato alerta enviando sus pulsiones,
algo que dice:
ahora
y sentimos la sangre contaminada y honda a punto de
saltarse por los ojos, las mandíbulas truenan y mascan
bocanadas de aire envenenado y la espina dorsal, choque eléctrico,
piano destrozado y molido por un hacha y los vellos, las barbas y
el escroto, se erizan puercoespín y las manos se hinchan
de amoratadas venas, el cuerpo se sacude, convulsiones
violentas y todo dura sólo, apenas, un segundo y una última ola
de sangre oxigenada nos regresa la calma.

Voy a buscar a una mujer para tomarme esta botella de vino, es francés y promete
volverme hasta los campos de Dijon en la Borgoña, donde la princesa de Aquitania
mezcló el cereal y los cubos de azúcar y más allá mostaza con tortillas en el restaurante
tex-mex

Anita le pregunta a la hermana del Dj si no quiere ser ella la que suba a mi jeep
La hermana del Dj quiere desde hace mucho ensayar en mi lengua
Los sonidos guturales de su nombre
Y entre su amigdalitis y mi glosolalia
Abrimos la botella en el semáforo
En Dijon hay cuatro cinco calles
Que habito en la memoria
La iglesia de la virgen negra
Y Galerías Lafayette
Donde Laurent envuelve mi Waterman
Mientras la Rorra se come los vellos rubios de sus brazos

Ella nunca ha tomado vino rojo
Y por eso no entiende si le gusta o no
Pero sus piernas son largas
Y las pantaletas tienen elástico acolchado
Como si fuera un retazo de pantalón deportivo en falsa seda

La hermana del Dj hace dos turnos con su bata azul
En la maquiladora ensambla dispositivos electrónicos para Brasil
Una expedición al maviri sería excesiva
Por eso por la leyva y acaso el río sinaloa

El poeta León le da unos tragos al Borgoña
Mientras que yo dispongo el jaripeo
Que no sabe montar me dice sobre la vaca jersey
Yo pretexto ginebra
Y en el café aún no teniamos MTV
Pero el unplugged fue largo
Al amanecer ella me pide que el Dj no lo sepa
Y el Dj no lo sabe

Poema sin título

ahora estarás tirada bocabajo en la cama
leyendo una novela española
mientras tus pantorrillas se elevan sobre el dibujo de las sábanas
hay algo en tu cintura que se enciende con el roce del elástico
y piensas

todos pensamos en un momento del día
en aquel fuego que nos quemó y ansiamos
volver ahí al borde de ese incendio
pierdes la línea y lees sin leer
y luego te cuesta trabajo regresar a la escena
que el novelista español fraguó en horas de delirio
te obligas a volver y lees con cuidado lo que ya no
entiendes y te volteas bocarriba y ves las fotos
de tu librero y te quedas colgada de aquellos tus sueños
tan queridos

qué cerca has estado de ellos y qué lejos
qué opresiva atmósfera se ha vuelto el ancho mundo
qué ganas de patear una religión un país un idioma
y todo vuelva a respirarse a ritmo de pulmón

pero nada de eso te preocupa ahora
te preocupa el futuro el detonador del mañana
la almendra más allá de la cáscara la pepita brillante
y llena de aceite te dices que calor
y sabes que el aire frío golpea las ventanas

qué ganas a veces de extender la mano
y que el placer rodee tu cintura
puedo ser yo u otro nadie el que en su abrazo
envuelva tu cuerpo aligerado ya de la carga del mundo
y que te lleve lejos más allá de las costas
mar adentro
donde sólo exista el sonido de la sangre
que corre en su rumor de bestia florecida

vuelves al cuarto de donde no has salido
para decirte que es mejor así que nada importa
que nunca habrá ni un cómo un dónde para
la perfecta la redonda la exacta
felicidad

CANTO

I
Con la pesada llaga ya sin cuerda en el cuello
Con el dogal vacío y la enhiesta pesadumbre que no implora ya más
Que no tunde ya el hueso carcomido, ni la visión postrera
Aquí cerca del junto
Me pongo a recordar muelles del aire donde atracó la sombra de otro tiempo
Me pongo a recordar y digo
Siete palabras sin brillo de cosecha para tu cruel memoria
Que allende el río
Donde la ciudad reposa con luciente escafandra
Donde soñé algún día volver para quedarme
Se van desvaneciendo los deseos
Y de mí sólo queda una vaga sustancia que no me nombra ya
Que no contiene todo el vigor, la lumbre de otro tiempo encendido.

II
Campo de cebollas
Para tu triste deambular
Con la brisa bordeando
Su hoja espiritual
En el surco de llamas
Abriéndose
En la hendidura de la tierra
Con su fruto amargo
Su corazón de aire
En el cielo apretado
Su puño de miserias
Decantado licor
De almendras amarillas

III
Te acercas
A los patios
De las primeras casas
El ruido
De tus trastos
Altera los ladridos
Pareces
Una sombra
Que se mueve
En el aire

IV
Regresarás del llanto en la postrera cumbre
Tu oído sensitivo desliará el soplo de flautas
Que te anuncian con cara deslavada
Por el fútil contacto de fluidos
Tu mano trémula se aferrará al báculo torpe
Como las hierbas huérfanas al borde del abismo

V
Qué desmedrada
Encía
Para tus cuatro dientes
Qué espalda
Que encorvada
Ya no distingue
El peso de lápidas atroces
Qué desolada
Respiración
Te pone en pie

VI
Te quedaste sin tierra
Dispersa partícula de polvo
Te quedaste en el irte
El ir te dio tu casa
Labró tu sombra
Puso en el patio
Tu maceta de lirios congelados
Pero en el ir también
Quedaron los deseos
Plantados a orillas del camino
Arboleda de natas
Para tu pie ligero

VII
Sólo nombraste el bosque que te vistió de niño
Su alegre arboladura
Su tenebra de musgo
Por eso es que volver
Regresar en el soplo ardiente
En la escama de vidrio de tus ojos
No puede ya salvarte
No entregarás tu espada capitán abatido
No te dará un pañuelo esa mano
No limpiarás tus lágrimas
Oyes llamando el grito del cabrero
El cencerro espigando el aire de la tarde
El hato que congrega el pasado a la vera

VIII
Aquellos tus amigos
Extenderán sus manos
Como quien tiende un recibo por cobrar
Una minuta detallada de todas tus traiciones
Pero nunca sabrán
Que tú has pagado ya las deudas
Que no hay nada que valgas
Ni siquiera el resuello que te mantiene erguido

IX

Ninguno podrá jamás decir de ti
Tuve su mano franca junto a la mía estrechando el deseo
Haciendo de una fuerza común un compartido sueño
Si alguien te vio no supo nunca el color de tus ojos
La vena matriz de tu corazón
Apenas diste un paso para retroceder
Y un gesto que acusaba bondad se congeló en tu boca
Y de tu lengua sólo saltó un desflorado ramo de pétalos insomnes
Que dejaba al oído siempre un olor
Pero nunca una palabra clara

X
Por eso hoy que regresas
Ya nadie reconoce tu rostro entre las piedras
Nadie un saludo un gesto que te confirme el pecho
La memoria de un sol para la cara fresca
Tus manos distraídas en el fulgor del bronce
Nada a tu paso es hierba de oro para la necesaria infusión de tu recuerdo
Ni una resina un bálsamo para tu piel quemada por el sol de los trópicos
Ni siquiera la lumbre de tu propio pasado

XI
Porque dejan tus manos el cincel en el borde de antiguas limaduras
Tus manos que labraron tu boca para decir palabras donde el norte crecía
Nada
Ni un cabalgar de noche a lomos de la savia
Un continente errante en el pecho injertado
Un mínimo silencio que diga sí, adelante
Que te ponga los pies en la vereda conocida
Y tomes rumbo sin volver la mirada
Alegre al menos
De saber que te vas que ya te has ido

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