JOSÉ MARTÍNEZ-BARGIELA (Pontevedra, ESPAÑA – Buenos Aires. ARGENTINA)

José Martínez-Bargiela y Jorge Luis Borges

José Martínez-Bargiela y Jorge Luis Borges

José Martínez Bargiela nació en Ponteareas, provincia de Pontevedra, Autonomía de Galicia, en 1921. Fue poeta, narrador, ensayista, traductor de inglés y portugués. Ha publicado novela, cuento y veintitrés poemarios, uno de edición póstuma “Monocordia”; son algunos de ellos: De las fuentes al tiempo; Travesía atlántica de un imaginario poeta negro; Faros de luz y sombra; Los restos de un cometa; Poemas al sur de Finisterre; Responso para una balada; En tránsito de lunas; Buenos Aires vertical hacia los puertos; Meandros para un retorno; Los ávidos laureles; Hojas del palisandro; Los ávidos laureles; Fragmentos de la noche, El escultor, Abismo de ausencia; Diario de a bordo: Libro de bitácora; Nudos de sombra. Publicó en cuento: El crimen de los carboneros; en novela: Yo, el esmoquin (2008).
Escribió la cantata “Alusiones” musicalizada y dirigida por el Maestro Mario Cosentino para Orquesta de Cámara, se estrenó en el Teatro Castelao de Buenos Aires el 20 de noviembre de 1992; primera voz: Marta Blanco; actor: Luis Medina Castro.
Tradujo del inglés “Poems from sankrit”. Tradujo del portugués la poesía de José Saramago.

José Martínez-Bargiela por Rodolfo Sciammarella

José Martínez-Bargiela por Rodolfo Sciammarella

Se destaca su poemario bilingüe castellano-gallego “El navegante / O navegante”, propiciado por la Xunta de Galicia y la Agrupación Vecinos de Ponteareas en Buenos Aires. Numerosas antologías argentinas y españolas recogen partes de su extensa obra poética. Fue integrante del Grupo Literario La Luna Que desde 1997 hasta su fallecimiento en Buenos Aires, en 2009. Integrantes del grupo y otros poetas amigos publicaron “Monodiazul – Apostillas de los amigos”, un libro de comentarios sobre José y su obra.

 

 

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LUNA LLENA

Entre los veinte años
y los sucesivos treinta
¿qué piensa esta mujer
que va a mi lado?
Me mira
y me ignora,
me inaugura
pretencioso intruso
a una quimera.
Devoro la idea
—pletórica presencia—
de nunca volver
a encontrarnos,
ya nos perdimos
en recuerdos de siempre.
Han sido pensamientos
gemelos
los que humanos.
La mutua coincidencia
viaja con nosotros dos,
solos y ausentes.

 

TEJIDO A MANO

Mientras teje,
¿en qué piensa
esta mujer, a mi costado?
Le estorbo la madeja,
aguja bajo el brazo.
Me aparto un tanto,
me corro en el asiento
entre punto y cruz,
en su pensamiento lejano,
de mí ajena. Ni siquiera
vislumbro silencios,
que el entramado sea
-de su ser tejido-
espacio y clave. Tal vez
el collage menos pensado: hilo
que tensa el corazón
en el olvido.

 

ANOCHECE EN LA CIUDAD

En esta ciudad secreta
de tres millones de gentes
quizás viva alguien a quien yo ame.
En este vaivén humano, en esta
alta marejada, uno se desmadra,
se diluye, se desmaya.
Un encendido candelabro de almas
se desvanece en el interín
y derrama el pabilo de la nada
y oscurece.
Debajo de las baldosas: la palabra,
desentonada voz,
vaga desde el grito en la pisada inútil
del amante que se despide,
del odio que escalda,
del amor que no dimite,
por más que la noche caiga
en la esmeralda del cenit.

 

POEMA DE LOS EQUINOCCIOS

No le apresa
el bosque desnudo
su cuerpo
sobre la hierba
lacia:
sobre la hierba lánguida
hubiera sido luna de verano
que ama
el pez
en el arroyo de la hayas.
El bosque se enternece,
abre todas sus vainas
y se postran los alisos
penitentes
de octubre,
y el canto de los abedules,
tornasolados ensueños,
por sus caducas ramas
azules.

YO, EL ESMOQUIN
(fragmento autobiográfico)

Soy apenas un invento de investidura,
heredero pobre de la prole
de ínfulas diplomáticas,
arrumbado
por descarte
y rescatado
de la indigencia de un ropavejero
por un novicio en el arte de la gastronomía.

De ahí en adelante soy algo así
como el que asiste a una misa carismática:
un sacerdote trasgresor,
un fanático ortodoxo,
un judío con kipá.

Pero lo que no digo que soy,
sin ton ni son:
enigmático, jurado socialista,
aunque lleve los ojos vendados
al promediar la cena.

 

CUANDO SEA

En todo caso,
más de una vez dije
preferir
una camisa Mao
o,
como hombre,
el esmoquin
de trabajo
de toda
una
vida.
En su último reposo
—el ropero—
está enmohecido
de aburrimiento.

 

HISTORIAS DE CIEGO CON VIOLÍN

¡Vean, vean a los guardias,
la ley es calva y una sola;
de fugas, esquiva ley aplicada
bajo los arcos del puente: ley,
toda sentencia es válida!
Observen el resplandor del fuego,
adviertan pulir el acero las balas,
por turno el humo del tiro de gracia,
el innecesario suspiro.
De la comedia a la farsa,
inútil bululú tan solo con ver fluir
y anudarse el agua
al rojo color del río,
la falsa sentencia al alba
por suscribir la muerte amanecida
al postrer canto del ruiseñor,
y pretenden las aleluyas
loar caros maitines,
vulnerar, transgredir sordas lágrimas
en cuerdas de violín, el drama.

 

PASO Y PASO

Qué hago yo
que no miro atrás
cuando cruzo la villa
al costado de la empalizada.
Por qué me siento
tan poco bravo
al amanecer
estas miserias devenidas
de los innombrables
de la historia impía
en zancos y signos
apedreado miro
a los niños descalzos
inocentes ondear
banderas de desencanto
para mantener en alto
la otra historia
viva
cuando paso y paso
y pasan los trenes suburbanos
de la desmemoria
gritan…

Adiós digo o callo
y del pan la mano escondo
sinsabor del prodigio
el alimento
símbolos amargos
del que la billetera monda
por cualquier adagio
a bordo del instante
vuelan a Ezeiza lejos
del brazo de algún mecenazgo
en trueque
en la calavera hueca
de su propia sangre.

 

BY-PASS DE MILENIO

Músicos y poetas cayeron
infinitos en la trama lírica del siglo veinte,
haciendo música, cantando,
ejecutando sus violines;
elucubrando, desertores los aedas,
inverosímiles hipocresías fugadas
del Olimpo con los dioses,
los cantos griegos y sus bardos encanecidos
en el altar de los atletas.
Píndaro, ya cansado de encender la antorcha,
sus poemas, regresa del Estadio y no vuelve
en los épodos de la Odas triunfales.
Músicos y poetas sin aliento
denostan al promediar la adversidad
reiterar la noche más larga de los tiempos:
centuria ominosa caida al vacío del escarnio.
Aliteradas glosas el canon sugerido de la injuria.

 

DESVARIADO

No sé si voy a ponerme a llorar
aquí, de pie
en esta extrema de terreno,
al verme invadido en las incultivados parcelas,
abandonadas a la ecológica belleza,
triste e incapaz de ser,
de revertir este momento.
El zarzal me cubre donde hubo
vida campesina y frutos, hay
tierna maleza ahora.
Y aún me maravillan
los cantos de pájaros menores,
aquellos que no emigran
y son constantes
en las cuatro estaciones del año,
embelleciendo los extraviados
ramajes indomables,
descolgados indiscriminadamente
sobre los arroyos de antaño
que me estimulan y me hacen humano.
Cuando me vuelva a ir
he de dejar el grito
agradecido como hijo,
padre y abuelo,
de saber quien sabe qué
de cambios futuros,
ha de sorprenderme
el intento de jamás,
mis inconstancias.

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