MARLENE DENIS (La Habana, CUBA – Barcelona, ESPAÑA)

Marlene Denis

Marlene Denis

Marlene Denis Valle nació en La Habana, Cuba, en 1954. Reside en Barcelona. Diplomada en magisterio y correctora de estilo. Creó y presidió los talleres literarios del Cerro en La Habana. Fundó el taller Literario Provincial de la Ciudad de La Habana “Luis Rogelio Nogueras”. Fue asesora del Taller Literario Infantil-Juvenil “Ismaelillo” en el Cerro Perteneció a la Asociación de Jóvenes Artistas y Escritores de Cuba. Tiene más de una treintena de premios y menciones en diversos certámenes literarios como: Premio Internacional “Poesía de Amor Varadero 88”; “Premio Abdala” de la Unión Árabe de Cuba, 1994; Mención “Estrella Errante”, 1996 de Austria y “Diploma de Mérito Lincoln-Martí, 2008 de Miami”. Parte de su obra se encuentra recogida en diversas antologías de Cuba, América Latina, Miami, Austria y España. Ha publicado, entre otros, los poemarios “Donde termina la distancia”, Al filo de la fe” (coedición), “Más allá de la palabra”, “Bajo el cielo del exilio”, “El ciruelo de la salamandra”. Miembro de la Asociación Mundial de Escritores. Miembro del Movimiento Mujeres Poetas Internacional (MPI).

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SIN PELOS EN LA LENGUA

I

La casa tiene fiebre.
Su delirio es el insomnio de habitantes lejanos
el manuscrito tatuado en las paredes de cada angustia.
La casa -quiero decir mi dulce isla-
lustra los carteles envejecidos con las mismas consignas
pero se apagan sus luceros.
La voz de azúcar y tabaco
sólo puede lanzar cuchillos en esta hora de distancia
donde la piel del rebaño se curte
al son de todas las aberraciones.
La soledad demora su estancia de palma real
vendida al mejor postor
pero mi isla baila a la entrada del golfo
recompone sus fragmentos de incertidumbre
y desmayos
en la plaza de una revolución estática y sin golondrinas.
Mi casa
-quiero volver a decir mi isla-
a la que he tocado los senos y su vientre
peina mis canas o afila mis colmillos
y para nada quiero trucar estas mandíbulas
de morder el silencio.

 

II

No quiero remendar las falsas crónicas
cuando he quedado retenida
en sus más de seiscientas mazmorras
cuando la amnistía no puede hacer un carajo
y no existe un bando de piedad
ni una enciclopedia de corazón
que recopile nuestras piedras.
No puedo destilar miel
cuando hay balseros que enfrentan la muerte cotidiana
y jineteras que aún arrastran el cordón umbilical
en espera del desalmado comprador de su inocencia.
No.
Nunca podré maquillar esta calma
que sube por las paredes del mundo
y voltea el rostro.

 

III

Es extraño sentirse oprimido de conciencia ajena
cuando la pura verdad es que la conciencia
carece de huesos y prodigios
que nos aten al lodo.
Algún sueño apuñala las violetas de mi almohada
y no es el canto del sinsonte quien reconforta
el seguimiento de una ruta cósmica
entre palabras consabidas.
Sé que toda descripción es inocua
que hay que vivir en el fuero del destierro en uno mismo
y argumentar que este camino nos conduce al nunca
aunque jamás arrojemos la toalla.

IV

He dejado a un lado mi vocación de mansa bestia
para subsistir entre las cuatro paredes del olvido
como Dios manda.
Brotaron telarañas de mi boca
mientras me consagré a las alambradas de los sesenta
cuando aún contaba estrellas desde el fondo de la noche
o tarareaba a The Beatles en clausura y pelo largo.
He dejado a un lado mi vocación de patriotismo
ahogado en la tolerancia
y ya poco importa que me abisme en el recuerdo
hasta naufragar en una copa de sangre.

V

Abandoné mi corazón el día que nunca estuve
entre epístolas y usufructos en grado de tentativa.
Traigo la acidez de la tiniebla en el miocardio
sostenido gracias a los alfileres del alma.
Fui vetada
estrictamente a la moda
entre zafarranchos de hazañas mustias.
Del clarín escuché el sonido tantas veces
y tantas me rompió el tímpano el simulacro…
Tantas veces me exilio en la vergüenza
mientras todos buscan el punto g a la patria dolorosa…
¡tantas que no me hallo!
La izquierda es demasiado sorda
y la mía demasiado zurda
para componer alegatos que empiecen a respirar
en la encrucijada de medio siglo.
A falta de pan nuestro: ¡discurso!
A falta de pan: damas de blanco
doctrina de malabares…
La gente sigue en su salsa de costumbres
mientras la diáspora despelleja mis coordenadas
y yo no existo.

 

MADRUGADA

 

el invierno
golpea su cabeza contra la pared.
deja una porción de martillos
atropellados en la retina
una ración de hielo entre las manos
que no se despiertan
ante el teclado de la frustración.
él
y solo él es capaz de aventurarse
en mi afán de palabras
en la ruta ociosa del escritorio
repleto de graves diccionarios y colillas
donde se dispersan los sueños
que jamás se han gestado
y nunca van a cumplirse.

 

HABLAR ES UN PECADO INMENSO  

 

hoy es un día cualquiera
salvo que Mambrú se va a la guerra
como tantas veces
con la incertidumbre de los cadáveres
que cuelgan de sus ojos.
nada retiene el grito.
sobran quimeras
y mucha humedad en los pastizales de la memoria.
son tiempos de muerte y ensañamiento
de brutal tentación en el genital de la esperanza
que corroe nuestro mendrugo
y ensaliva los bronces de la equidad.
Mambrú se va a la guerra de sus hormigas
como un tatarabuelo
en la halitosis del olivar  que bosteza
entre las nieves ocultas de una bala.
ya no hay frío ni calor filtrados en la mejilla
ni rinocerontes
o calibres de olvido a media asta.
Mambrú no sabe de portaviones
ni violoncelos.
ignora que estoy hundida
en los senderos de la cruda redención.
no puede saber que mi oratoria
se mantiene fuera de la ley.

 

LA VERDAD: ESE ÚTIL REMEDIO QUE TODO VENCE

de este lado queda dicho todo.
baten luciérnagas
que alumbran nuestro párpado ante el desvelo
y el mal sabor de boca.
no es preciso colgar carteles
ni precios o piedras
ni mi imagen contra el espejo
de esos que se llaman justos.
no soy juglar en la Tienda del Encuentro
mucho menos
en la Viña de los Mediocres.
aro la tierra que habito
y no miento
juro que no miento aunque toque madera
para prevenir los insomnios
y la mala racha de los escrúpulos.
no.
sé que no me salvaré de la horca ni de las orquídeas
que mi palabra no es escudo
ni bandera.
soy arma de fuego que abre tu corazón
contra el oráculo
y no callaré
algún día ya me fusilaron
y otro más qué importa.
los pronósticos afirman que la suerte está echada
sobre un puñado de polvo.

 

 

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