RAMÓN HÉCTOR CUESTA (Buenos Aires)
Publicado por Poesía Inexorable en 05/08/2011
RIN RIN
Cuando ella llamó
yo pensaba volarme la cabeza.
Sus números pospusieron el estampido
-era tarde y la luna menguaba al rojo-.
Llegó por el alambre
y luego las bocas, las manos
y la crema enjuague.
Alguien tendría que saber cómo muerde,
cómo grita, cómo revienta.
Se fue por la mañana y volví al trago
y a seguir pensando en volarme la cabeza.
A POR TODO
Cada vez que la veo
se cuelga de mi cintura
y arde.
Piensa que a veces estoy sobrio
y busca descubrirme.
Lo que no sabe es aflojar
cuando me duele.
Es tan podrida que me olvido del trago
y de las rayas que se evaporan
desde el vidrio
transformándose en pegajosos
gusanos de aceite.
DOLOR
Sombras de pliegues.
Su haz de luz
llena las sábanas de roces.
Es buena cuando grita:
implora.
HAY UNA
Juego a malabares con tu bretel
cuando la noche secretea en las tinieblas
rumiando una sensación durísima y extraña
y me quedo en el orillo
en la piel que estremecen mis yemas
abierta apenas
entumecidas las puntas
hinchado el pecho cuando lo busco
y aquel indiferente que oye se asume
y abre las puertas al sembrador ciego.
Abres la boca, cierras los ojos
Ruges.




